jueves, 27 de julio de 2017

JUEVES DE LA 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Exodo 19,1-2.9-11.16-20
Salmo Daniel 3: Bendito seas, Señor, santo y glorioso
Mateo 13,10-17

Ex 19,1-2.9-11.16-20

Aquel día, a los tres meses de haber salido de Egipto, los israelitas, que habían partido de Refidim, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon frente al monte. Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Voy a acercarme a ti en una nube espesa, para que el pueblo pueda escuchar lo que te digo y tenga siempre fe en ti”. Moisés comunicó al Señor lo que el pueblo le había dicho. Y el Señor le dijo: “Vuelve a donde está el pueblo y ordénales que se purifiquen hoy y mañana; que laven su ropa y estén preparados para pasado mañana, pues el Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo”. Al rayar el alba del tercer día, hubo truenos y relámpagos; una densa nube cubrió el monte y se escuchó un fragoroso resonar de trompetas. Esto hizo temblar al pueblo, que estaba en el campamento. Moisés hizo salir al pueblo para ir al encuentro de Dios; pero la gente se detuvo al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en medio del fuego. Salía humo como de un horno y todo el monte retemblaba con violencia. El sonido de las trompetas se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba y Dios le respondía con truenos. El Señor bajó a la cumbre del monte y le dijo a Moisés que subiera.

Salmo Daniel 3,52.53.54.55.56
R. Bendito seas, Señor, santo y glorioso

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu nombre santo y glorioso.
R. Bendito seas, Señor, santo y glorioso

Bendito seas en el templo santo muy glorioso.
Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Bendito seas, Señor, santo y glorioso

Bendito eres tú, Señor,
que penetras con tu mirada los abismos
y te sientas en un trono rodeado de querubines.
Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito seas, Señor, santo y glorioso

Mateo 13,10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve. Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

7 consejos para parejas en situación irregular que desean vivir en gracia y recibir los sacramentos


El matrimonio y la familia fueron los temas que el papa Francisco propuso a la reflexión de la Iglesia convocando un sínodo de obispos en dos etapas: la primera en octubre de 2014 y la segunda en octubre de 2015. De él surgió el documento Amoris Laetitia.

El Derecho Canónico reconoce el derecho a recibir los medios espirituales necesarios para la salvación -de manera particular los sacramentos (Canon 213), y entre ellos la Comunión-, y también que hay que favorecer su recepción sin interponer ningún impedimento para recibirlos con provecho: lícita y válidamente.

Con respecto a los fieles que, a los ojos de la Iglesia, conforman parejas en situación irregular, el sínodo sobre el amor en la familia nunca dijo un “no” rotundo a la admisión a los sacramentos a todas estas parejas, como tampoco dijo un “sí” rotundo a todas ellas: se mirará caso por caso.

Muchas parejas “en situación irregular” (personas casadas con una persona ya casada, divorciados en nueva unión,…) buscan los medios para poder conformar la vida al querer de Dios en sintonía con la Iglesia. En este sentido, explica el P. Henry Vargas Holguín, nos han llegado varias preguntas: ¿puedo comulgar? ¿estoy actuando mal?…

Conocer cada caso

Resulta difícil dar respuestas generales, en frío, sin conocer a la persona y su situación concreta. Por eso, lo primero es animar a todos los que tengan dudas en este sentido a acercarse a un sacerdote o a un matrimonio católico comprometido de confianza que les ayude a discernir lo que les irá mejor a ustedes en su caso concreto.

Matrimonio

Algunas consideraciones generales podrían servir de orientación previa. Por ejemplo, en los casos en que las dos personas no se hayan casado por la Iglesia, tengan o no tengan entre ellas algún vínculo conyugal desde el punto de vista civil, pueden acercarse a la parroquia y contraer el matrimonio canónico. Si alguna de las partes tuvo un matrimonio civil con otra persona se debe gestionar primero el divorcio.

Estudiar la nulidad del matrimonio anterior 

Los católicos con previo matrimonio canónico que quieran regularizar su situación tienen la opción, menos fácil pero posible, de indagar si pudieron haber fallado algunos elementos esenciales que permitan declarar nulo ese matrimonio.

Si se llega a descubrir que una pareja no contrajo matrimonio canónico válido, se puede y se debe declarar la nulidad de dicha “unión”, con perjuicio de los respectivos efectos civiles. Si se declara la nulidad, estas personas se pueden casar por la Iglesia, con alguien que no tenga previo matrimonio canónico válido.

hay que tener en cuenta que anular un matrimonio canónico no es sinónimo de divorcio canónico, que no existe. La declaración de nulidad declara que el matrimonio sencillamente jamás existió, y por tanto es algo muy distinto del divorcio civil (cuando los efectos civiles cesan). Cuando se firma un decreto de nulidad no se trata de anular un vínculo sino de confirmar que tal vínculo no existió como válido ya desde un comienzo.

La Iglesia no anula ningún matrimonio válidamente contraído y consumado; en tal caso el matrimonio es absolutamente indisoluble (Catecismo, 1640). Por tanto mientras no se pruebe lo contrario, se presume la validez del matrimonio canónico.

Las parejas irregulares que no pueden contemplar 
alguna de las posibilidades mencionadas, 
¿qué camino de salida tienen?

Mientras se verifica la validez o la invalidez del precedente matrimonio canónico o si, habiendo estudiado el matrimonio canónico, se constata realmente su validez, las parejas irregulares estarían invitadas en principio a:

1.- Ofrecer a Dios, con carácter penitencial, el dolor y el sufrimiento de haber quebrantado la exigencia de Cristo de valorar la sacramentalidad del amor conyugal entre un hombre y una mujer, así como el de no poder tener la plena comunión en la vida divina a través de los sacramentos.

2.- Pensar que en todo caso son personas amadas por Dios, y siguen siendo miembros de la Iglesia. La Iglesia orará por estas personas, las animará y se presentará como madre misericordiosa.

3.- Confiar en la misericordia de Dios.

4.- Eliminar la situación de pecado. Esto no significa dejar de querer o dejar de ayudar a la pareja o dejar de estar a su favor; hay que seguir queriéndola bajo los mismos parámetros que pide Cristo cuando habla a todos sus discípulos de amar al prójimo.

5.- Respetar el vínculo matrimonial canónico precedente, dando así testimonio del valor, de la trascendencia y de la indisolubilidad del matrimonio canónico. Respetar lo que Dios ha bendecido es respetarlo a Él mismo. Como bautizados le debemos fidelidad a Dios, a Cristo, al propio cónyuge legítimo y a la unión esponsal canónica aunque ya no se conviva con él o con ella.

6.- Pensar en la salvación propia y ajena favoreciendo un camino de conversión.

7.- A estas parejas se les invita además a escuchar la Palabra de Dios, a perseverar en la oración, a ir a misa, a colaborar en las iniciativas de la parroquia en favor de la caridad y la justicia, a educar y, o, dejar educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu de conversión y las obras de penitencia para encaminarse por los caminos de la salvación (Familiaris Consortio, 84).

Las puertas de la Iglesia están abiertas

La Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible en el intento por lograr la completa participación sacramental. Respecto a la manera de hacerlo, serán muy útiles -reiteramos- los consejos del párroco, el acompañamiento personalizado que permitirá valorar las circunstancias concretas y un discernimiento más libre.

El amor de Dios está a su alcance y no solo abre las puertas a su perdón, concediendo a su vez la gracia sacramental, sino que, por medio de la misma, capacita y motiva para no vivir más en pecado.

En el caso de las parejas de casados por la Iglesia en situación irregular que han hecho un camino de conversión con un sacerdote acompañante, que reúnen las condiciones fundamentales para que puedan acceder a los sacramentos -“estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (can 843,1)- y que concluyen inequívocamente que pueden recibir la gracia sacramental, pueden recibir los sacramentos, pueden comulgar.

¿Qué condiciones fundamentales deben tener en cuenta las parejas irregulares para acceder a los sacramentos? La reconciliación a través del sacramento de la penitencia –que les abriría el camino al sacramento eucarístico– puede darse a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a seguir una vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio.

En líneas generales, esto podría implicar, si es posible, fácil y serena, la separación; y si, por motivos muy serios, no pueden cumplir la obligación de la separación, el compromiso de vivir en continencia. Pero cada caso es un mundo.

Mateo 13,10-17: Finalidad de las parábolas

Mateo 13,10-17
Jueves de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve. Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
A ustedes les es dado conocer el misterio del Reino   

Mateo 13,10-17: A ustedes les es dado conocer el misterio del Reino

Mateo 13,10-17  

Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

Reflexión por la Orden Carmelita:
"A ustedes les es dado conocer el misterio del Reino"

El Capítulo 13 nos presenta el Sermón de las Parábolas. Siguiendo el texto de Marcos (Mc 4,1-34),

Mateo omite la parábola de la semilla que germina sola (Mc 4,26-29), amplia la discusión sobre el porqué de las parábolas (Mt 13,10-17) y aumenta las parábolas del trigo y la cizaña (Mt 13,24-30), de la levadura (Mt 13,33), del tesoro (Mt 13,44), de la perla (Mt 13,45-46) y de la red (Mt 13,47-50).

Junto con las parábolas del sembrador (Mt 13,4-11) y del grano de mostaza (Mt 13,31-32), son en todo siete parábolas las del Sermón de las Parábolas.

Mateo 13,10: La pregunta

En el evangelio de Marcos los discípulos piden una explicación de las parábolas (Mc 4,10). Aquí en Mateo, la perspectiva es otra. Quieren saber porqué Jesús, cuando habla a la multitud, sólo habla en parábolas: "¿Por qué usas parábolas para hablar con ellos?" ¿Cuál es el motivo de esta diferencia?

Mateo 13,11-13: A ustedes les es dado conocer el misterio del Reino

¿Porqué a los apóstoles era dado conocer y a los otros no? Una comparación para ayudar en la comprensión. Dos personas escuchan a la madre que enseña sobre algo: "quien ama, no corta y cose…”. Una de las dos personas que escucha es hija y la otra no lo es. La hija entiende y la otra no entiende nada. ¿Por qué? Porque en casa de la madre, la expresión "cortar y coser" significaba calumniar. Así, la enseñanza de la madre ayuda a la hija a que entienda mejor cómo practicar el amor. Crece en ella aquello que ya sabía. A quien tiene se le dará y le sobrará.

La otra persona no entendió nada y perdió hasta lo poco que pensaba entender respecto del amor y del ‘cortar y coser’. Se quedó confusa y no consiguió entender qué tenía que ver el amor con ‘cortar y coser’. Quien no tiene, aún aquello que tiene se le quitará.

Una parábola revela y esconde ¡al mismo tiempo! Revela para “los de dentro”, que aceptan a Jesús como Mesías Siervo. Esconde para los que insisten en decir que el Mesías será y debe ser un Rey Glorioso. Estos entienden las imágenes de la parábola, pero no llegan a entender su significado.

En cuanto a los discípulos, crecen en aquello que ya saben respecto del Mesías. Los otros no entienden nada y pierden hasta lo poco que pensaban saber sobre el Reino y el Mesías.

Mateo 13,14-15: La realización de la profecía de Isaías

Como la otra vez (Mt 12,18-21), en esta reacción diferente de la gente y de los fariseos ante la enseñanza de las parábolas, Mateo ve de nuevo una realización de la profecía de Isaías. Y hasta cita el texto de Isaías que dice así:

“Oír, oiréis, pero no entenderéis, 
mirar, miraréis, pero no veréis.
Porque se ha embotado el corazón de este pueblo,
han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado;
no sea que vean con sus ojos,
con sus oídos oigan,
con su corazón entiendan y se conviertan,
y yo los sane.

Mateo 13,16-17: Dichosos los ojos que ven lo que estáis viendo 

Todo esto explica la frase final: “«¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.”

• Las parábolas: una manera de hablar a la gente sobre Dios

La gente queda impresionada con la manera que Jesús tiene de enseñar. “¡Una nueva enseñanza! ¡Dada con autoridad! ¡Diferente a la de los escribas!”

Jesús tenía una capacidad muy grande de encontrar imágenes sencillas para comparar las cosas de Dios con las cosas de la vida que el pueblo conocía y experimentaba en su lucha diaria para sobrevivir. Esto supone dos cosas: estar por dentro de las cosas de la vida de la gente y estar por dentro de las cosas de Dios, del Reino de Dios.

En algunas parábolas acontecen cosas que no acostumbran acontecer en la vida. Por ejemplo, ¿dónde se vio un pastor de cien ovejas que abandona a las noventa y nueve para encontrar aquella única que se perdió? (Lc 15,4) ¿Dónde se vio a un padre que acoge con una fiesta al hijo que ha malgastado todos sus bienes, sin decirle una palabra de reproche? (Lc 15,20-24). ¿Dónde se vio a un samaritano ser mejor que el levita y el sacerdote? (Lc 10,29-37).

La parábola induce a pensar. Nos lleva a implicarnos en la historia desde nuestra propia experiencia de vida. Hace que nuestra experiencia nos lleve a descubrir que Dios está presente en lo cotidiano de nuestra vida. La parábola es una forma participativa de enseñar, de educar. No nos da todo cambiado en un minuto. No hace saber, sino que hace descubrir.

La parábola cambia la mirada, hace que la persona sea contemplativa, observadora de la realidad. Aquí está la novedad de la enseñanza de las parábolas de Jesús, distinta de la de los doctores que enseñaban que Dios se manifestaba sólo en la observancia de la Ley. Para Jesús “el Reino no es fruto de observancia. ¡El Reino está presente en medio de ustedes!” (Lc 17,21). Pero los oyentes no siempre lo perciben.

Oración final:

Tu amor, Yahvé, llega al cielo,
tu fidelidad alcanza las nubes;
tu justicia, como las altas montañas,
tus sentencias, profundas como el océano.
(Sal 36,6-7)

miércoles, 26 de julio de 2017

26 de julio: SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA

Carta a los abuelos y abuelas de la archidiócesis de Madrid

A los queridos abuelos y abuelas de la archidiócesis de Madrid:

En este día de la celebración de los santos Joaquín y Ana, los padres de la Virgen María y abuelos del niño Jesús, me dirijo con todo afecto a todos y cada uno de vosotros.

Con mucho amor y esperanza, en su momento, afrontasteis la tarea de educar a vuestros hijos. Lo hicisteis tratando de darles lo mejor y también conscientes de que debía ser con rigor y exigencia, combinando todo ello con la justa dosis de flexibilidad y procurando ayudar a cada uno según su circunstancia y necesidad.

Ahora os toca la tarea de ver crecer a los hijos de vuestros hijos, y lo hacéis con otra ilusión diferente aunque igualmente maravillosa, que os colma de una satisfacción y un orgullo inimaginables y que nada ni nadie os podrán arrebatar.

Es verdad que las circunstancias han cambiado mucho, y que os toca abriros y entender la realidad presente, tan diferente a la vuestra cuando criabais a vuestros hijos. Ciertamente, vuestra responsabilidad con respecto a los nietos es otra y muy distinta a la de ser padres, pero no por ello menos importante y trascendente para la educación y el desarrollo de las nuevas generaciones.

Como dice el Papa Francisco, los abuelos sois «la sabiduría de la historia», «la memoria de un pueblo» y, junto con los niños, «la esperanza de cada pueblo». Así pues, tened muy claro que, aunque no sean conscientes de ello, vuestros nietos necesitan escucharos y aprender de vosotros, pues vosotros les conectáis con la vida, con la historia y con la realidad, que nos antecede y que da razón de lo que somos cada uno de nosotros. Y vosotros, por vuestra parte, necesitáis de vuestros nietos, que, casi sin daros cuenta, os conectan con el presente y os abren y os proyectan al futuro, al tiempo que fundan vuestra esperanza de que otro mundo, nuevo y diferente, es posible; y lo será si de verdad se aprende de la historia vivida y contada por nuestros mayores, y si nadie se enroca en su tiempo como si ya no pudiera existir nada más.

Ojalá que nunca se interrumpa esa cadena que une a las generaciones y que hace posible que todos –mayores, adultos, jóvenes y niños– nos sintamos protagonistas de una historia y de una vida que es común para todos, que nos trasciende a todos y a la que todos hemos de aportar nuestro granito de arena.

Si esto lo podemos decir en general, también lo podemos aterrizar para una cuestión tan importante como la transmisión de la fe. Nuestro Señor Jesucristo aprendió, humanamente hablando, a conocer al Padre desde el testimonio y gracias a la vida de piedad de sus padres terrenos, María y José. Pero podemos imaginar, sin temor a equivocarnos lo más mínimo, que en el hogar de Nazaret también estaban muy presentes Joaquín y Ana, los abuelos del Niño.

Como sabéis muy bien, vuestra tarea de abuelos no es, en ningún caso, suplantar a los padres, pero sí que ha de ser complementaria y en algunos casos podríamos decir que hasta supletoria. Contribuid, pues, en la medida de vuestras posibilidades, a crear, favorecer y cuidar el buen clima familiar; hacedlo con ese estilo, discreto y oportuno a la vez, propio de los padres de la Virgen María, y del que Ella dio tantas muestras, sobre todo, durante la vida pública de su Hijo Jesús. Ya sabéis, no es cuestión de hablar mucho y de estar en todas partes, sino de decir las palabras oportunas y a su tiempo, y de haceros presentes allí donde y cuando seáis necesarios, discreta y eficazmente. La siembra evangélica, hecha con ese espíritu, Dios la bendice siempre y la hace fructificar abundantemente; ¡no lo dudéis!

Os bendigo con todo cariño, y le pido a Nuestra Madre, la Virgen María a quien invocamos como Santa María de la Almudena, que cuide de vosotros y de vuestros hijos y nietos, como lo hizo de todos en el hogar de Nazaret; y que os conceda asimismo la gracia de imitar las virtudes de san Joaquín y santa Ana en el cuidado y la atención de vuestros hijos y nietos.

Con todo mi cariño y respeto,

+ Carlos Card. Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

martes, 25 de julio de 2017

25 de julio: SANTIAGO, Apóstol

25 de julio: SANTIAGO, Apóstol (Lecturas)

Hechos 4,33;5,12.27-33;12,2
Salmo 66: Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben
2 Corintios 4,7-15
Mateo 20,20-28


Hechos 4,33;5,12.27-33;12,2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: "¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre." Pedro y los apóstoles replicaron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen." Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Salmo 66: Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben

2 Corintios 4,7-15

Hermanos: Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: "Creí, por eso hablé", también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Mateo 20,20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:
— ¿Qué deseas?
Ella contestó:
— Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Pero Jesús replicó:
— No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Contestaron:
— Lo somos.
Él les dijo:
— Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:
— Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

25 de julio: Santiago, Apóstol, por el P. Celestino Hueso, SF


Santiago, el Mayor, era hermano de San Juan Evangelista. Ambos eran pescadores hasta el día en que Jesús les invitó a seguirle. Desde ese momento se convirtieron en dos de los discípulos más queridos por el Maestro, que llamaba cariñosamente a los dos hermanos como “hijos del trueno” seguramente por su energía.

Fue uno de los elegidos para acompañar a Jesús el día de la Transfiguración y también en el Huerto de los Olivos, junto con su hermano y Pedro. Resucitado el Señor, dice el libro de los Hechos que los Apóstoles se dispersaron por el mundo para proclamar el Evangelio y, según una tradición antigua, Santiago marchó a España, primero a Galicia y después a Cesar Augusta, la actual Zaragoza.

La leyenda áurea nos cuenta que nadie le hizo caso y sólo se convirtieron siete personas, pero las cosas cambiaron totalmente desde que se le apareció la Virgen sobre un pilar (columna); la Virgen del Pilar hizo que los maños se convirtieran en masa.

Santiago fue el primer apóstol martirizado, murió el año 41 por orden de Herodes Agripa y dice la leyenda que la persona que lo acusó se arrepintió y le acompañó en el martirio. La tradición nos cuenta también que su cuerpo fue trasladado por unos discípulos  a Galicia y se encuentran en la basílica de Santiago de Compostela.

Felicidades a los que llevan el nombre del apóstol bien como Santiago o bien como Jaimeo Jacobo.

lunes, 24 de julio de 2017

LUNES DE LA 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Éxodo 14,5-18
Salmo Ex 15,1-2.3-4.5-6: 
Cantaré al Señor, sublime es su victoria
Mateo 12,38-42

Éxodo 14,5-18

En aquellos días, cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, el Faraón y su corte cambiaron de parecer sobre el pueblo, y se dijeron: «¿Qué hemos hecho? Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas.» Hizo preparar un carro y tomó consigo sus tropas: tomó seiscientos carros escogidos y los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales. El Señor hizo que el Faraón se empeñase en perseguir a los israelitas, mientras éstos saltan triunfantes. Los egipcios los persiguieron con caballos, carros y jinetes, y les dieron alcance mientras acampaban en Fehirot, frente a Baal Safón. Se acercaba el Faraón, los israelitas alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos y, muertos de miedo, gritaron al Señor. Y dijeron a Moisés: «¿No había sepulcros en Egipto?, nos has traído a morir en el desierto; ¿qué es lo que nos has hecho sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto: "Déjanos en paz, y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto"?» Moisés respondió al pueblo: «No tengáis miedo; estad firmes, y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad en silencio.» El Señor dijo a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»

Salmo Ex 15,1-2.3-4.5-6
R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria

El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria

Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria

Mateo 12,38-42

En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.» Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»

Exodo 14,1-31: Persecución y promesa de ayuda

Exodo 14,1-31
   Ex 14,15-15,1a
   Vigilia Pascual
   Ex 15,5-18
   Lunes de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

14:1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
14:2 "Di a los israelitas que se vuelvan y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el mar, enfrente de Baal Sefón. Frente a ese lugar acamparéis, junto al mar.
14:3 Faraón dirá de los israelitas: "Andan errantes en el país, y el desierto les cierra el paso."
14:4 Yo endureceré el corazón de Faraón, y os perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Yahveh." Así lo hicieron.
14:5 Cuando anunciaron al rey de Egipto que había huido el pueblo, se mudó el corazón de Faraón y de sus servidores respecto del pueblo, y dijeron: "¿Qué es lo que hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro servicio?"
14:6 Faraón hizo enganchar su carro y llevó consigo sus tropas.
v7 Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus combatientes.
14:8 Endureció Yahveh el corazón de Faraón rey de Egipto, el cual persiguió a los israelitas, pero los israelitas salieron con la mano alzada.
14:9 Los egipcios los persiguieron: todos los caballos, los carros de Faraón, con la gente de los carros y su ejército; y les dieron alcance mientras acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot, frente a Baal Sefón.
14:10 Al acercarse Faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron a Yahveh.
14:11 Y dijeron a Moisés: "¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto?
14:12 ¿No te dijimos claramente en Egipto: Déjanos en paz, queremos servir a los egipcios? Porque mejor nos es servir a los egipcios que morir en el desierto."
14:13 Contestó Moisés al pueblo: "No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que Yahveh os otorgará en este día, pues los egipcios que ahora veis, no los volveréis a ver nunca jamás.
14:14 Yahveh peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos."

El mar se divide y se salva Israel

14:15 Dijo Yahveh a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha.
14:16 Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto.
14:17 Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros de los carros.
14:18 Sabrán los egipcios que yo soy Yahveh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de Faraón, de sus carros y de sus jinetes.
14:19 Se puso en marcha el Ángel de Yahveh que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás,
14:20 poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche.
14:21 Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas.
14:22 Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda.
14:23 Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos de Faraón, y los carros con sus guerreros.
14:24 Llegada la vigilia matutina, miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército egipcio.
14:25 Trastornó la ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: "Huyamos ante Israel, porque Yahveh pelea por ellos contra los egipcios".
14:26 Yahveh dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros."
14:27 Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar,
14:28 pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército de Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera.
14:29 Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda.
14:30 Aquel día salvó Yahveh a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar.
14:31 Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo a Yahveh, y creyeron en Yahveh y en Moisés, su siervo.

domingo, 23 de julio de 2017

Romanos 7,14-25: La oposición entre la carne y el espíritu

Romanos 7,14-25  

7:14 Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, y estoy vendido como esclavo al pecado.
7:15 Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco.
7:16 Pero si hago lo que no quiero, con eso reconozco que la Ley es buena.
7:17 Pero entonces, no soy yo quien hace eso, sino el pecado que reside en mí,
7:18 porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo.
7:19 Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
7:20 Pero cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside en mí.
7:21 De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el mal.
7:22 Porque de acuerdo con el hombre interior, me complazco en la Ley de Dios,
7:23 pero observo que hay en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me ata a la ley del pecado que está en mis miembros.
7:24 ¡Ay de mí! ¿Quién podrá librarme de este cuerpo que me lleva a la muerte?
7:25 ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a la Ley de Dios, pero con mi carne sirvo a la ley del pecado.

Romanos 7,7-13: El pecado, por medio del precepto, llega a la plenitud de su malicia

Romanos 7,7-13  

7:7 ¿Diremos entonces que la Ley es pecado? ¡De ninguna manera! Pero yo no hubiera conocido el pecado si no fuera por la Ley. En efecto, hubiera ignorado la codicia, si la Ley no dijera: No codiciarás.
7:8 Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le daba el precepto, provocó en mí toda suerte de codicia, porque sin la Ley, el pecado es cosa muerta.
7:9 Hubo un tiempo en que yo vivía sin Ley, pero al llegar el precepto, tomó vida el pecado,
7:10 y yo, en cambio, morí. Así resultó que el mandamiento que debía darme la vida, me llevó a la muerte.
7:11 Porque el pecado, aprovechando la oportunidad que le daba el precepto, me sedujo y, por medio del precepto, me causó la muerte.
7:12 De manera que la Ley es santa, como es santo, justo y bueno el precepto.
7:13 ¿Pero es posible que lo bueno me cause la muerte? ¡De ningún modo! Lo que pasa es que el pecado, a fin de mostrarse como tal, se valió de algo bueno para causarme la muerte, y así el pecado, por medio del precepto, llega a la plenitud de su malicia.

Romanos 7,1-6: La liberación de la Ley

Romanos 7,1-6  

7:1 ¿Acaso ustedes ignoran, hermanos —hablo a gente que entiende de leyes— que el hombre está sujeto a la ley únicamente mientras vive?
7:2 Así, una mujer casada permanece ligada por la ley a su esposo mientras él viva; pero al morir el esposo, queda desligada de la ley que la unía a él.
7:3 Por lo tanto, será tenida por adúltera si en vida de su marido, se une a otro hombre. En cambio, si su esposo muere, quedará desligada de la ley, y no será considerada adúltera si se casa con otro hombre.
7:4 De igual manera, hermanos, por la unión con el cuerpo de Cristo, ustedes han muerto a la Ley, para pertenecer a otro, a aquel que resucitó a fin de que podamos dar frutos para Dios.
7:5 Porque mientras vivíamos según la naturaleza carnal, las malas pasiones, estimuladas por la Ley, obraban en nuestros miembros para hacernos producir frutos de muerte.
7:6 Pero ahora, muertos a todo aquello que nos tenía esclavizados, hemos sido liberados de la Ley, de manera que podamos servir a Dios con un espíritu nuevo y no según una letra envejecida.

Romanos 6,20-23: Los frutos del pecado y de la justicia

Romanos 6,20-23  

6:20 Cuando eran esclavos del pecado, ustedes estaban libres con respecto de la justicia.
6:21 Pero, ¿qué provecho sacaron entonces de las obras que ahora los avergüenzan? El resultado de esas obras es la muerte.
6:22 Ahora, en cambio, ustedes están libres del pecado y sometidos a Dios: el fruto de esto es la santidad y su resultado, la Vida eterna.
6:23 Porque el salario del pecado es la muerte, mientras que el don gratuito de Dios es la Vida eterna, en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Romanos 6,12-19: La liberación del pecado y el servicio de Dios

Romanos 6,12-19  

6:12 No permitan que el pecado reine en sus cuerpos mortales, obedeciendo a sus malos deseos.
6:13 Ni hagan de sus miembros instrumentos de injusticia al servicio del pecado, sino ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han pasado de la muerte a la Vida, y hagan de sus miembros instrumentos de justicia al servicio de Dios.
6:14 Que el pecado no tenga más dominio sobre ustedes, ya que no están sometidos a la Ley, sino a la gracia.
6:15 ¿Entonces qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos sometidos a la Ley sino a la gracia? ¡De ninguna manera!
6:16 ¿No saben que al someterse a alguien como esclavos para obedecerle, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen, sea del pecado, que conduce a la muerte, sea de la obediencia que conduce a la justicia?
6:17 Pero gracias a Dios, ustedes, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina, a la cual fueron confiados,
6:18 y ahora, liberados del pecado, han llegado a ser servidores de la justicia.
6:19 Voy a hablarles de una manera humana, teniendo en cuenta la debilidad natural de ustedes. Si antes entregaron sus miembros, haciéndolos esclavos de la impureza y del desorden hasta llegar a sus excesos, pónganlos ahora al servicio de la justicia para alcanzar la santidad.

Romanos 4,1-8: La justificación de Abraham

Romanos 4,1-8  

4:1 ¿Y qué diremos de Abraham, nuestro padre según la carne?
4:2 Si él hubiera sido justificado por las obras tendría de qué gloriarse, pero no delante de Dios.
4:3 Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación.
4:4 Ahora bien, al que trabaja no se le da el salario como un regalo, sino como algo que se le debe.
4:5 Pero al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación.
4:6 Por eso David proclama la felicidad de aquel a quien Dios confiere la justicia sin las obras, diciendo:
4:7 Felices aquellos
a quienes fueron perdonadas sus faltas
y cuyos pecados han sido cubiertos.
4:8 Feliz el hombre
a quien Dios no le tiene en cuenta su pecado.

DOMINGO DE LA 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año A

Sabiduría 12,13.16-19
Salmo 85,5-6.9-10.15-16a:
Tú, Señor, eres bueno y clemente
Romanos 8,26-27
Mateo 13,24-43

Sabiduría 12,13.16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Salmo 85,5-6.9-10.15-16a:
Tú, Señor, eres bueno y clemente

Tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia, con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica.
R. Tú, Señor, eres bueno y clemente

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»
R. Tú, Señor, eres bueno y clemente

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
R. Tú, Señor, eres bueno y clemente

Romanos 8,26-27

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Mateo 13,24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero."»

Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.» Luego dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.» Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.»

REFLEXIÓN DE LA PALABRA:
El grano y la Cizaña
Prefiero una Iglesia que se ensucia las manos...
por Mons. Francisco González, SF

Mateo 13,24-43: El Reino de los cielos se parece...

Mateo 13,24-43 
Domingo de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: "El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas".

Les dijo otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente". Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: "Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo".

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."

SOBRE EL MISMO TEMA:
El grano y la Cizaña
por Mons. Francisco González, SF
Tres parábolas:
13,24-30: Parábola de la cizaña
13,31-35: Parábola del grano de mostaza y la levadura
13,36-43: Explicación de la parábola de la cizaña

Mateo 13,24-30: Prefiero una Iglesia que se ensucia las manos lavando los paños de sus hijos a una de puros, por el papa Francisco

Mateo 13,24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"

— Comentario del papa Francisco
"Prefiero una Iglesia que se ensucia las manos lavando los paños de sus hijos a una de puros"

“Que la Virgen María nos ayude a comprender en la realidad que nos rodea no sólo la suciedad del mal, sino también el bien y lo bello, para desenmascarar la obra de Satanás y, sobre todo, para confiar en la acción de Dios que fecunda la historia”. En la plaza de San Padre se reunieron este domingo miles de fieles y peregrinos para escuchar el comentario del Papa sobre el Evangelio, rezar por sus intenciones de Pastor de la Iglesia Universal y recibir su bendición apostólica.

Refiriéndose a las tres parábolas con las que Jesús habla del Reino de los cielos, en esta ocasión, el Obispo de Roma se detuvo a considerar la primera, que se refiere al grano bueno y a la cizaña, que ilustra el problema del mal en el mundo y pone de manifiesto la paciencia de Dios.

El Papa Bergoglio explicó que con esta imagen Jesús quiere decirnos que en este mundo el bien y el mal están entrelazados a tal punto que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. De ahí que haya afirmado que sólo Dios puede hacerlo. A la vez que recordó que la situación actual, con sus ambigüedades y su carácter heterogéneo es el ámbito de la libertad de los cristianos, en que se pone en práctica el ciertamente difícil ejercicio del discernimiento.

De manera que, como explicó Francisco, se trata de unir, con gran confianza en Dios y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias, a saber: la decisión y la paciencia.

La decisión –dijo el Papa– es la de querer ser buen grano, con las propias fuerzas, tomando distancia del maligno y de sus seducciones. Lo que significa preferir una Iglesia que es levadura en la masa y que no teme ensuciarse las manos lavando los paños de sus hijos, antes que una Iglesia de “puros”, que pretende juzgar, antes del tiempo, quien está o no en el Reino de Dios.

Además, el Sucesor de Pedro afirmó que el Señor es la Sabiduría encarnada que también hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no pueden identificarse con territorios definidos o determinados grupos humanos. Sino que Él nos dice que la línea de demarcación entre el bien y el mal está en el corazón de toda persona. Sí, porque todos somos pecadores. Y Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos ha liberado de la esclavitud del pecado dándonos la gracia de caminar en una vida nueva; con el Bautismo nos ha dado también la Confesión, puesto que siempre tenemos necesidad de ser perdonados.

Hacia el final de su reflexión, el Santo Padre dijo que “mirar siempre y sólo el mal que está fuera de nosotros, significa que no queremos reconocer el pecado que también está en nosotros.

sábado, 22 de julio de 2017

Romanos 2,25-29: La verdadera circuncisión

Romanos 2,25-29  

2:25 La circuncisión es útil si practicas la Ley, pero si no la practicas, es lo mismo que si fueras un incircunciso.
2:26 Al contrario, el que no está circuncidado, pero observa las prescripciones de la Ley, será tenido por un verdadero circunciso.
2:27 Más aún, el que físicamente no está circuncidado pero observa la Ley, te juzgará a ti, que teniendo la letra de la Ley y la circuncisión, no practicas la Ley.
2:28 Porque no es verdadero judío el que lo es exteriormente, ni la verdadera circuncisión es la que se nota en la carne.
2:29 El verdadero judío lo es interiormente, y la verdadera circuncisión es la del corazón, la que se hace según el espíritu y no según la letra de la Ley. A este le corresponde la alabanza, no de los hombres, sino de Dios.

Romanos 2,12-24: La Ley y el pecado

Romanos 2,12-24

2:12 En efecto, todos los que hayan pecado sin tener la Ley de Moisés perecerán sin esa Ley; y los que hayan pecado teniendo la Ley serán juzgados por ella,
2:13 porque a los ojos de Dios, no son justos los que oyen la Ley, sino los que la practican.
2:14 Cuando los paganos, que no tienen la Ley, guiados por la naturaleza, cumplen las prescripciones de la Ley, aunque no tengan la Ley, ellos son ley para sí mismos,
2:15 y demuestran que lo que ordena la Ley está inscrito en sus corazones. Así lo prueba el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa,
2:16 hasta el Día en que Dios juzgará las intenciones ocultas de los hombres por medio de Cristo Jesús, conforme a la Buena Noticia que yo predico.
2:17 Pero tú, que te precias de ser judío; tú que te apoyas en la Ley y te glorías en Dios;
2:18 tú que dices conocer su voluntad e, instruido por la Ley, pretendes discernir lo mejor,
2:19 presumiendo ser guía de ciegos y luz para los que andan en tinieblas;
2:20 tú que instruyes a los ignorantes y eres maestro de los simples, porque tienes en la Ley la norma de la ciencia y de la verdad;
2:21 ¡tú, que enseñas a los otros, no te enseñas a ti mismo! Tú, que hablas contra el robo, también robas.
2:22 Tú, que condenas el adulterio, también lo cometes. Tú, que aborreces a los ídolos, saqueas sus templos.
2:23 Tú, que te glorías en la Ley, deshonras a Dios violando la Ley.
2:24 Porque como dice la Escritura: Por culpa de ustedes, el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones.

Romanos 2,1-11: Juicio y tolerancia

Romanos 2,1-11    

2:1 Por eso, tú que pretendes ser juez de los demás —no importa quién seas— no tienes excusa, porque al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que condenas.
2:2 Sabemos que Dios juzga de acuerdo con la verdad a los que se comportan así.
2:3 Tú que juzgas a los que hacen esas cosas e incurres en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de Dios?
2:4 ¿O desprecias la riqueza de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, sin reconocer que esa bondad te debe llevar a la conversión?
2:5 Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios,
2:6 que retribuirá a cada uno según sus obras.
2:7 Él dará la Vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien, buscan la gloria, el honor y la inmortalidad.
2:8 En cambio, castigará con la ira y la violencia a los rebeldes, a los que no se someten a la verdad y se dejan arrastrar por la injusticia.
2:9 Es decir, habrá tribulación y angustia para todos los que hacen el mal: para los judíos, en primer lugar, y también para los que no lo son.
2:10 Y habrá gloria, honor y paz para todos los que obran el bien: para los judíos, en primer lugar, y también para los que no lo son,
2:11 porque Dios no hace acepción de personas.

Romanos 1,24-32: La corrupción y el castigo de los paganos

Romanos 1,24-32

1:24 Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos,
1:25 ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén.
1:26 Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza.
1:27 Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío.
1:28 Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe.
1:29 Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones.
1:30 Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres,
1:31 insensatos, desleales, insensibles, despiadados.
1:32 Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen.

Mt 13,24-43: El grano y la cizaña, por el P. Raniero Cantalamessa

Mt 13,24-43  

Jesús les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?”. Él les contestó: “Algún enemigo ha hecho esto”. Dícenle los siervos: “¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?”».

El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; el Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza; el Reino de los Cielos es semejante a la levadura....

Bastan estas frases iniciales de las tres parábolas para darnos a entender que Jesús nos está hablando de un Reino «de los Cielos» que sin embargo se encuentra «en la tierra». Sólo en la tierra, de hecho, hay espacio para la cizaña y para el crecimiento; sólo en la tierra hay una masa que levar. En el Reino final nada de todo esto, sino sólo Dios, que será todo en todos.

La parábola del grano de mostaza que se transforma en un árbol indica el crecimiento del Reino de Dios en la historia.

La parábola de la levadura indica también el crecimiento del Reino, pero un crecimiento no tanto en extensión cuanto en intensidad; indica la fuerza transformadora que él posee hasta renovar todo.

Estas dos últimas parábolas fueron fácilmente comprendidas por los discípulos. No así la primera, la de la cizaña. Dejada la multitud, una vez solos en casa, le pidieron por ello a Jesús: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Jesús explicó la parábola; dijo que el sembrador era él mismo, la semilla buena los hijos del Reino, la semilla mala los hijos del maligno, el campo el mundo y la siega el fin del mundo.

El campo es el mundo. En la antigüedad cristiana, había espíritus sectarios (los donatistas) que resolvían el asunto de modo simplista: por un lado, la Iglesia hecha toda ella de buenos; por otro, el mundo lleno de hijos del maligno, sin esperanza de salvación. Pero venció el pensamiento de San Agustín, que era el de la Iglesia universal.

La Iglesia misma es un campo, dentro del cual crecen juntos grano y cizaña, buenos y malos, lugar donde hay espacio para crecer, convertirse y sobre todo para imitar la paciencia de Dios.

«Los malos existen en este mundo o para que se conviertan o para que por ellos los buenos ejerciten la paciencia» (San Agustín).

De la paciencia de Dios habla también la primera lectura, del Libro de la Sabiduría, con el himno a la fuerza de Dios: «Tú, dueño de tu fuerza, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia... Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo del hombre, y diste a tus hijos la buena esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento».

La de Dios no es, por lo demás, una simple paciencia, esto es, esperar el día del juicio para después castigar con mayor satisfacción. Es longanimidad, es misericordia, es voluntad de salvar.

En el Reino de un Dios así no hay lugar, por ello, para siervos impacientes, para gente que no sabe hacer otra cosa que invocar los castigos de Dios e indicarle, de vez en vez, a quién debe golpear. Jesús reprochó un día a dos de sus discípulos que le pedían hacer llover fuego del cielo sobre los que les habían rechazado (Lc 9,55), y el mismo reproche, tal vez, podría hacer a algunos demasiado diligentes en exigir justicia, castigos y venganzas contra aquellos que guardan la cizaña del mundo.

También a nosotros está indicada la paciencia del dueño del campo como modelo. Debemos esperar la siega, pero no como aquellos siervos a duras penas refrenados, empuñando la hoz, como si estuviéramos ansiosos de ver la cara de los malvados en el día del juicio; sino que debemos esperar como hombres que hacen propio el deseo de Dios de «que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1Tm 2,4).

Un llamamiento a la humildad y a la misericordia que desprende, por lo tanto, de la parábola del grano y de la cizaña. ¡Hay un solo campo del que es lícito y necesario arrancar inmediatamente la cizaña, y es el del propio corazón!

Romanos 1,18-23: Los paganos, objeto de la ira divina

Romanos 1,18-23  

1:18 En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad y la injusticia de los hombres, que por su injusticia retienen prisionera la verdad.
1:19 Porque todo cuanto se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer,
1:20 ya que sus atributos invisibles —su poder eterno y su divinidad— se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras. Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa:
1:21 en efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad.
1:22 Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios,
1:23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles.

Romanos 1,16-17: El tema de la Carta

Romanos 1,16-17    

1:16 Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y después de los que no lo son.
1:17 En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.

Romanos 1,8-15: Acción de gracias y súplica

Romanos 1,8-15  

1:8 En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo, a causa de todos ustedes, porque su fe es alabada en el mundo entero.
1:9 Dios, a quien tributo un culto espiritual anunciando la Buena Noticia de su Hijo, es testigo de que yo los recuerdo constantemente,
1:10 pidiendo siempre en mis oraciones que pueda encontrar, si Dios quiere, la ocasión favorable para ir a visitarlos.
1:11 Porque tengo un gran deseo de verlos, a fin de comunicarles algún don del Espíritu que los fortalezca,
1:12 mejor dicho, a fin de que nos reconfortemos unos a otros, por la fe que tenemos en común.
1:13 Hermanos, quiero que sepan que muchas veces intenté visitarlos para recoger algún fruto también entre ustedes, como lo he recogido en otros pueblos paganos; pero hasta ahora no he podido hacerlo.
1:14 Yo me debo tanto a los griegos como a los que no lo son, a los sabios como a los ignorantes.
1:15 De ahí mi ardiente deseo de anunciarles la Buena Noticia también a ustedes, los que habitan en Roma.

Romanos 1,1-7: Saludo inicial

Romanos 1,1-7  

1:1 Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios,
1:2 que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras,
1:3 acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor,
nacido de la estirpe de David
según la carne,
1:4 y constituido Hijo de Dios con poder
según el Espíritu santificador,
por su resurrección de entre los muertos.
1:5 Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
a fin de conducir a la obediencia de la fe,
para gloria de su Nombre,
a todos los pueblos paganos,
1:6 entre los cuales se encuentran también ustedes,
que han sido llamados por Jesucristo.
1:7 A todos los que están en Roma,
amados de Dios, llamados a ser santos,
llegue la gracia y la paz,
que proceden de Dios, nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo.

Romanos 8,26-27: La oración del Espíritu

Romanos 8,26-27  
Domingo de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año A  

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

viernes, 21 de julio de 2017

22 de julio: Santa María Magdalena

¿Qué relación tuvo Jesús con María Magdalena?, por el P. Juan García Inza


De los evangelios se desprende que María Magdalena sentía un gran amor por Jesús. Había sido librada por él de siete demonios, le seguía como discípula, le asistía con sus bienes (Lc 8,2-3) y estuvo con María, la Madre de Jesús, y las otras mujeres cuando Jesús fue crucificado (Mc 15,40-41 y par.).

Fue, según los evangelios, la primera a la que se le apareció Jesús después de la resurrección, tras buscarlo con lágrimas (Jn 20,11-18). De ahí la veneración que ha tenido en la Iglesia como testigo del resucitado. . De estos pasajes no se puede deducir ni que fue una pecadora, ni mucho menos que fue la mujer de Jesús.

Los que sostienen esto último acuden al testimonio de algunos evangelios apócrifos. Todos ellos, quizá con la excepción de un núcleo del Evangelio de Tomás, son posteriores a los evangelios canónicos y no tienen carácter histórico, sino que son un instrumento para trasmitir enseñanzas gnósticas.

Según estas obras, que aunque lleven el nombre de evangelios no son propiamente tales sino escritos con revelaciones secretas de Jesús a sus discípulos después de la resurrección, Mariam (o Mariamne o Mariham; no aparece el nombre de Magdalena salvo en unos pocos libros) es la que entiende mejor esas revelaciones. Por eso es la preferida de Jesús y la que recibe una revelación especial.

La oposición que en algunos de estos textos (Evangelio de Tomás, Diálogos del Salvador, Pistis Sophía, Evangelio de María) muestran los apóstoles hacia ella por ser mujer refleja la consideración negativa que algunos gnósticos tenían de lo femenino y la condición de María como discípula importante.

Sin embargo, algunos quieren ver en esta oposición un reflejo de la postura de la Iglesia oficial de entonces, que estaría en contra del liderazgo espiritual de la mujer que proponían estos grupos. Nada de esto es demostrable. Esa oposición más bien puede entenderse como un conflicto de doctrinas: las de Pedro y otros apóstoles frente a las que estos grupos gnósticos exponían en nombre de Mariam. En cualquier caso, el hecho de que se recurra a María es una forma de justificar sus planteamientos gnósticos.

En otros evangelios apócrifos, especialmente en el Evangelio de Felipe, Mariam (esta vez citada también con el nombre de origen, Magdalena) es modelo de gnóstico, precisamente por su feminidad. Ella es símbolo espiritual de seguimiento de Cristo y de unión perfecta con él.

En este contexto se habla de un beso de Jesús con María (si es que el texto hay que entenderlo realmente así), simbolizando esa unión, ya que mediante ese beso, una especie de sacramento superior al bautismo y la eucaristía, el gnóstico se engendraba a sí mismo como gnóstico.

El tono de estos escritos está absolutamente alejado de implicaciones sexuales. Por eso, ningún estudioso serio entiende estos textos como un testimonio histórico de una relación sexual entre Jesús y María Magdalena.

Es muy triste que esta afirmación, que no tiene ningún fundamento histórico, ya que ni siquiera los cristianos de la época se vieron obligados a polemizar para defenderse de ella, resurja cada cierto tiempo como una gran novedad.


Sobre el autor: Fue ordenado sacerdote en 1965 y ha publicado una quincena de títulos. Es doctor en Derecho canónico y ha ejercido como consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y de la Renovación Carismática. Es asesor espiritual de la Asociación María Reina de la Paz de Medjugorje.

De la mujer que vio resucitar a Jesús, por Luis Antequera


Muchos son los enfoques que cabe realizar sobre el hecho de que quien ve por primera vez a Jesús resucitado sea María Magdalena. Hoy me voy a adentrar en uno relacionado con “los exegetas del Jesús histórico”.

Dos de los instrumentos que esos Exegetas del Jesús histórico aplican a los pasajes de los textos evangélicos son los que se dan en llamar “el criterio del testimonio múltiple”, y “el criterio de la dificultad” (también llamado “lectio difficilior”). Veamos lo que significa cada uno de ellos y cómo se aplican al episodio evangélico que llamaré, en adelante, el Descubrimiento de la Magdalena.

Primero, el criterio del testimonio múltiple, a saber, cuanto más sean los textos que aporten un dato y cuanto más diferentes sean esos textos, más probable es que el dato en cuestión sea históricamente cierto.

Pues bien, el descubrimiento de la Magdalena se registra en tres Evangelios, Marcos, Mateo y Juan, separados cronológicamente por más de cuarenta años (años 60 el de Marcos, años 70 el de Mateo, cercano al año 100 el de Juan), de los cuales uno, Juan, es muy diferente a los otros dos. Y el cuarto Evangelio, el de Lucas, aunque no recoja propiamente la aparición (en el relato de Lucas la primera aparición de Jesús parece ser para los discípulos de Emaús), hace un relato de los hechos en el que reconoce un protagonismo indiscutible al personaje que los otros tres textos convierten en protagonista central.

Versiones del suceso se recogen también en textos no canónicos, así el Evangelio de Pedro, apócrifo datable en el s. II, y de gran importancia en algún momento de la vida de la Iglesia, según sabemos por el testimonio de Serapion, obispo de Antioquía entre los años 190 y 200. Cuatro textos “y medio” (el medio es Lucas) pues, absolutamente diversos los unos de los otros: muchos textos, se lo aseguro, en términos de testimonio múltiple.

Segundo, el criterio de la dificultad o lectio difficilior: según él, no es razonable que un autor incluya en su texto datos que se muestran incómodos para el propósito de su trabajo, y si lo hace, es que son necesariamente reales. Veamos pues como ajusta este criterio al episodio del descubrimiento de la Magdalena.

En el pensamiento y en la práctica judicial de los judíos, el testimonio de una mujer es menos valioso que el de un hombre. Se acostumbra a decir que la mitad. Que ello es así cabe extraerlo de varios pasajes del Antiguo Testamento, como aquél en el que el Levítico realiza la valoración de un hombre y de una mujer a efectos de un voto:

“Si alguien quiere cumplir ante Yahvé un voto relativo a una persona, la estimación de su valor será la siguiente: si se trata de un varón entre veinte y sesenta años, se estimará su valor en cincuenta siclos de plata, en siclos del santuario. Mas si se trata de una mujer, el valor será de treinta siclos. Entre los cinco y los veinte años el valor será: si es chico, veinte siclos; si es chica, diez siclos” (Lv. 27,2-5).

El judeo español Maimónides (n.1135-m.1204), uno de los grandes exégetas judíos del Antiguo Testamento, asegura que la palabra “testigo” citada en el Deuteronomio (Dt. 17,6; Dt. 19,15-21) está escrita en masculino, algo que, según él, no es así por casualidad.

El propio Corán, que aunque no es propiamente un texto judío sí refleja bien el acerbo semítico de pensamiento, acude en respaldo de la tesis cuando dice: “Llamad para que sirvan de testigos a dos de vuestros hombres. Si no los hay, elegid a un hombre y dos mujeres” (C. 2, 282).

Pues bien, esta importante dificultad, la escasa validez del testimonio femenino, apunta con el criterio de la dificultad a la franqueza y sinceridad de la percepción que los narradores tuvieron de que efectivamente Jesús había resucitado, pues de haberse tratado de una pantomima cabal e intencionadamente pergeñada y de no haber creído sinceramente en ella los que la relataban, sus autores judíos jamás habrían convertido a una mujer, menos aún en solitario, en la primera y principal avalista de dicha resurrección.

Para que nos entendamos: es como si hoy día alguien pretendiera sostener la presencia de un OVNI en un determinado lugar sobre el testimonio de un niño de cuatro años: aunque él mismo tuviera por válido dicho testimonio, teniendo otros que considerara más presentables, se abstendría de utilizar el primero.

Fuente: religionenlibertad.com

¿Fue María Magdalena una prostituta?, por Luis Antequera


En la catequesis realizada por Benedicto XVI tras asistir a la presentación de la película “María de Nazareth” sobre la vida de María, un filme que repara con detenimiento en otras dos figuras femeninas, Herodías y María Magdalena, al comentar la lección que cabe extraer de la vivencia de ésta última dice de ella que “después de experimentar el encanto de una vida fácil” encuentra a Jesús “que le abre el corazón y cambia su existencia”.

Y bien, hecha esta introducción, ¿cuál es esa “vida fácil” a la que se refiere el Papa cuando de María Magdalena habla? O dicho de manera mucho más amplia si me lo permiten Vds., ¿qué es lo que sobre María Magdalena sabe el lector de los evangelios?

Lo único incontrovertible que conocemos sobre su persona es que de su cuerpo sacó Jesús “siete demonios” (Lc. 8,2). Su nombre apunta a pensar que fuera originaria de la ciudad galilea de Magdala (de la que algún día también hablaremos por cierto), que podría estar unos kilómetros al nordeste de Nazareth, al borde del lago Genesaret, también llamado Mar de Galilea, lago Kineret o de Tiberíades, que de las cuatro maneras es conocido.

A partir de ahí, la tradición ha realizado algunas identificaciones de su persona y entre ellas ésta que es quizás la más conocida y que la asimila a la pecadora perdonada por Jesús:

“Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»”. (Lc 7,36-50)

La razón de tan precipitada asociación tal vez tenga que ver con la cercanía del pasaje en cuestión con aquél en el que Lucas presenta expresamente a la Magdalena, justo en el siguiente párrafo (aunque en distinto capítulo ya):

“Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes” (Lc. 8,1-3)

Todo ello convertiría a nuestra Magdalena en lo más parecido a una prostituta, y lo cierto es que como tal, la ha venido representando la numerosa iconografía existente sobre ella. Una iconografía que la ha dotado generalmente de extraordinaria belleza y de indudable voluptuosidad, permitiéndose sus iconógrafos unas liberalidades que no se han permitido con ningún otro personaje evangélico.

Todo parece indicar que dicha asociación, bastante forzada, admitámoslo, es debida a la Homilía 33 del Papa San Gregorio I Magno, pronunciado en el año 591, según la cual:

“La que Lucas llama pecadora y Juan, María, creemos que es la María de la que según Marcos fueron echados siete demonios. ¿Y qué si no todos los vicios significan esos siete demonios?”

La lectura detenida del texto de Lucas desaconseja, sin embargo, tal asociación, e invita más bien a realizar otra según la cual, María Magdalena sería cercana a la figura de Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes, lo que la convertiría, bien al contrario de lo que ha venido sosteniéndose tradicionalmente, en mujer de una cierta posición social, posiblemente incluso rica en cuanto que era una de esas mujeres de las “que servían con sus bienes” a Jesús y a sus numerosos acompañantes.

Quizás es en este contexto en el que mejor cabe entender las palabras de Benedicto XVI al hablar de “la vida fácil” que llevaba a cabo Magdalena antes de conocer a Jesús… Un vida fácil que no es tanto la de las prostitutas con las que acostumbra a asociar el imaginario común a la Magdalena (¡como si la de las prostitutas fuera en verdad una vida fácil, las pobres!), como la de la mujer rica que da todo lo que tiene para seguir a quien no le promete sino una vida de privaciones para la salvación de su alma.

Dicho todo lo cual, la Magdalena no vuelve a aparecer en los evangelios hasta el final, donde se convierte en protagonista indiscutible tanto en la pasión como en la resurrección de Jesús. Pero este tema ya lo hemos tratado en otra ocasión, por lo que no es cosa de volver a tratarlo aquí y les dejo el enlace por si aún tienen ganas de seguir con el tema.

Fuente: religionenlinertad.com

¿Qué fue de la Magdalena una vez acabado el Evangelio?, por Luis Antequera

Retablo
Del importantísimo personaje que fue María Magdalena queda una gran tradición en la vida del cristianismo ajena a su papel estrictamente evangélico. Una tradición que sin embargo y como ocurre con tantos otros eventos y personajes, no es uniforme sino que adquiere muchas versiones.

Así, en las iglesias orientales vinculadas hoy a la ortodoxia, prevalece la tradición según la cual, la Magdalena se habría retirado a la ciudad griega de Éfeso (hoy en Turquía) con la Virgen María, ciudad en la que habría muerto y de la cual, sus reliquias habrían sido transferidas a Constantinopla a finales del s. IX.

A este respecto habría que señalar que dicha tradición, fundada en el testimonio de san Gregorio de Tours en su obra De miraculis (op. cit. 1,30), iría anexa a una segunda, el retiro de la Virgen María a Efeso acompañando al apóstol y evangelista Juan cuya tradición éfesa sí está muy consolidada. Una tradición, ésta de la estancia de María en Efeso, que es sólo es una de las dos tradiciones existentes sobre el final de la vida de la Virgen María, ya que la otra tradición sitúa a la madre de Jesús desde el momento en que su hijo asciende al cielo y hasta el momento de su muerte en Jerusalén.

Existe una segunda tradición muy consolidada en las iglesias occidentales que es la que llamaríamos “tradición francesa”. Según ella, María Magdalena habría dado con sus huesos en Marsella acompañando a otro personaje evangélico, el Lázaro al que Jesús resucita en el Evangelio de Juan (los demás evangelios no citan el episodio).

Sobre esta tradición se ha de señalar que se halla estrechamente relacionada con otra según la cual, María Magdalena sería la misma María que cita el evangelista Juan como hermana de Lázaro y de Marta. Una asociación que aunque muy consolidada en la tradición cristiana, no soporta excesivamente bien un riguroso análisis exegético, que más bien parece deducir que la María Magdalena que citan los cuatro evangelistas, no es la María hermana de Lázaro que cita sólo Juan.

Como quiera que sea, según esta segunda tradición, como decimos muy consolidada en las iglesias occidentales, Magdalena, junto con sus hermanos Lázaro y Marta, habría sido la evangelizadora de la Provenza francesa. Se habría retirado a un cerro, el Sainte-Baume, en el que se habría entregado a una vida de mortificación y penitencia durante unos treinta años. Desde allí, al llegar el momento de su muerte habría sido llevada por ángeles al oratorio de San Máximo en Aix en Provence.

Según el cronista Sigebert, en 745, por temor a los sarracenos (corren los tiempos de los hechos previos a los que canta la Chanson de Roland), sus reliquias habrían sido transferidas a Vézelay, situada en Borgoña, en la otra punta de Francia por lo tanto, donde aún hoy persiste un inveterado culto de la Magadalena. Para luego volver en algún momento a la Sainte Baume en Provenza.

De hecho en el año 1279 se hallan allí los restos de la santa en un sepulcro intacto, con una inscripción en la que se explicaban las razones de la ocultación, ocasión que sirve al Príncipe de Salerno, futuro rey Carlos II de Nápoles, para levantar un convento dominico en el lugar.

En el año 1600 las reliquias se colocan en un sarcófago enviado por el Papa Clemente VIII, con la cabeza colocada en vasija separada, lo que resultará providencial, porque aunque durante la Revolución Francesa el convento es destruido y las reliquias de la santa son profanadas y desaparecen, no corre igual suerte la cabeza, que aun hoy se venera en la gruta de Sainte Baume.

Fuente: religionenlibertad.com