domingo, 17 de septiembre de 2017

Lucas 7,1-10: Curación del sirviente de un centurión

Lucas 7,1-10
Lunes de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.» Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace.» Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande

Lc 7,1-10: Ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande

Lucas 7,1-10

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.» Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace.» Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

"Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande":

¿Creía el centurión en las promesas que Dios había hecho a Abraham? Seguramente, no. ¿Creía el centurión que Israel era el pueblo escogido por Dios para salvar a todas las naciones? Seguramente, no. ¿Creía el centurión en la profecías de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós...? Seguramente, no. ¿Creía el centurión que la circuncisión era un mandato divino? Seguramente, no. ¿Creía el centurión en los privilegios de las tribus de Leví y Judá? Seguramente, no. ¿Creía el centurión que los sacerdotes del templo de Jerusalén eran los únicos que podían ofrecer sacrificios a Dios? Seguramente, no. ¿Creía el centurión que Moises era el legislador más importante? Seguramente, no.
 
Entonces, ¿por qué Jesús dice "no he encontrado en Israel una fe tan grande"?
 
No llegamos a comprender el escándalo de las palabras de Jesús si perdemos de vista la situación política por la que atraviesa Israel en ese momento. Israel es un territorio ocupado por los romanos y el centurión es un representante del poder enemigo. La situación es tan dramática que los romanos tienen apostada una guarnición de soldados frente al templo de Jerusalén para evitar posibles conatos de rebelión.
 
Creer que el centurión es un "amigo de los judíos" (tal vez en proceso de conversión, como algunos han querido ver) porque "nos ha construido una sinagoga", es tener una vision tergiversada de lo que estaba ocurriendo en Israel por aquellos días. Para entender el alcance de la frase de Jesús hay que saber que el Evangelio de Lucas se escribió después de la destrucción del templo de Jerusalén por el ejército romano.
 
Jesús no se compadece del centurión porque "es amigo de nuestro pueblo y nos ha construido una sinagoga", sino por la fe que demuestra tener al pedirle ese favor. Por eso, esta pregunta es muy importante para nosotros hoy: ¿cuál es la fe del centurión?
 
La fe del centurión es la de una persona que sufre porque un esclavo suyo esta gravemente enfermo, a punto morir. Este centurión ha oído hablar de Jesús, de sus prodigios y milagros, de su compasión por los leprosos, ciegos, cojos, prostitutas... Y, en su desesperación, llama a todas las puertas: ha ido a ver a los dirigentes judios pidiéndoles un favor. Este centurión se sirve de intermediarios no para evitar mancillar su dignidad sino porque reconoce las repercusiones que puede tener para Jesús semejante colaboracion. Él mismo se pone en evidencia llamando a la puerta de los judíos.
 
Pues bien, de un pagano romano Jesus dice: "Ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande".

Lunes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario, Año I

1 Timoteo 2,1-8
Salmo 27: Salva, Señor, a tu pueblo
Lucas 7,1-10

1 Timoteo 2,1-8

Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno, y de este testimonio –digo la verdad, no miento– yo he sido constituido heraldo y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad. Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones.

Salmo 27
R. Salva, Señor, a tu pueblo

Escucha, Señor, mi súplica
cuando te pido ayuda
y levanto las manos hacia tu santuario.
R. Salva, Señor, a tu pueblo

El Señor es mi fuerza y mi escudo,
en él confía mi corazón;
él me socorrió y mi corazón se alegra
y le canta agradecido.
R. Salva, Señor, a tu pueblo

El Señor es la fuerza de su pueblo,
el apoyo y la salvación de su Mesías.
Salva, Señor, a tu pueblo
y bendícelo porque es tuyo;
apaciéntalo y condúcelo para siempre.
R. Salva, Señor, a tu pueblo

Lucas 7,1-10

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaum. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado, a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»  Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "ve", y va; al otro: "ven", y viene; y a mi criado: "haz esto", y lo hace.» Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Col 4,10-18: Saludos y despedida

Col 4,10-18  

4:10 Aristarco, mi compañero de prisión, los saluda; lo mismo que Marcos, el primo de Bernabé, acerca del cual ya recibieron instrucciones: si él va a verlos, recíbanlo bien.
4:11 Igualmente los saluda Jesús, el que es llamado Justo. De los que provienen del Judaísmo, estos son los únicos que trabajan conmigo por el Reino de Dios: por eso han sido un consuelo para mí.
4:12 También los saluda Epafras, su compatriota, este servidor de Cristo Jesús que ora incansablemente por ustedes, para que se mantengan firmes en la perfección, cumpliendo plenamente la voluntad de Dios.
4:13 Yo doy testimonio de lo mucho que él hace por ustedes y por los de Laodicea y de Hierápolis.
4:14 Finalmente, los saludan Lucas, el querido médico, y Demas.
4:15 Saluden a los hermanos de Laodicea, especialmente a Ninfas y a la Iglesia que se reúne en su casa.
4:16 Una vez que hayan leído esta carta, háganla leer también en la Iglesia de Laodicea, y ustedes, a su vez, lean la carta que yo envié a esa Iglesia.
4:17 Digan a Arquipo Filemón que esté atento al ministerio que recibió para servir al Señor y que lo cumpla bien.
4:18 El saludo es de mi puño y letra, Pablo. Acuérdense de mis cadenas.
La gracia esté con ustedes.

Col 4,7-9: Noticias personales

Col 4,7-9

4:7 En lo que a mí se refiere, nuestro querido hermano Tíquico, mi fiel ayudante y compañero en el servicio del Señor, los informará de todo.
4:8 Yo lo envío expresamente para que él les dé noticias mías y los anime.
4:9 Lo acompañará Onésimo, nuestro fiel y querido hermano, que es uno de ustedes. Ellos los pondrán al tanto de todo lo que pasa por aquí.

Col 4,1-6: Últimas exhortaciones

Col 4,1-6

4:1 En cuanto a ustedes, patrones, concedan a sus servidores lo que es justo y razonable, recordando que también ustedes tienen un Señor en el cielo.
4:2 Perseveren en la oración, velando siempre en ella con acción de gracias.
4:3 Rueguen también por nosotros, a fin de que Dios nos allane el camino para anunciar el misterio de Cristo, por el cual estoy preso,
4:4 y para que yo sepa pregonarlo en la debida forma.
4:5 Compórtense con sensatez en sus relaciones con los que no creen, aprovechando bien el tiempo presente.
4:6 Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido.

Col 3,22-25: Los deberes de los esclavos y de los patrones

Col 3,22-25  

3:22 Esclavos, obedezcan en todo a sus dueños temporales, pero no con una obediencia fingida, como quien trata de agradar a los hombres, sino con sencillez de corazón, por consideración al Señor.
3:23 Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres.
3:24 Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor:
3:25 el que obra injustamente recibirá el pago que corresponde, cualquiera sea su condición.

Col 3,18-21: Los deberes familiares

Col 3,18-21

3:18 Mujeres, sean dóciles a su marido, como corresponde a los discípulos del Señor.
3:19 Maridos, amen a su mujer, y no le amarguen la vida.
3:20 Hijos, obedezcan siempre a sus padres, porque esto es agradable al Señor.
3:21 Padres, no exasperen a sus hijos, para que ellos no se desanimen.

Col 3,12-17: Exhortación al amor

Col 3,12-17  

3:12 Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia.
3:13 Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo.
3:14 Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.
3:15 Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.
3:16 Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados.
3:17 Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.

Col 3,5-11: El hombre viejo y el hombre nuevo

Col 3,5-11  

3:5 Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría.
3:6 Estas cosas provocan la ira de Dios sobre los rebeldes.
3:7 Ustedes mismos se comportaban así en otro tiempo, viviendo desordenadamente.
3:8 Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras.
3:9 Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras,
3:10 y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador.
3:11 Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

Col 3,1-4 Cristo resucitado, principio de la Vida nueva

Col 3,1-4

3:1 Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
3:2 Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.
3:3 Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.
3:4 Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

Col 2,16-23: Rechazo del falso ascetismo

Col 2,16-23

2:16 Por eso, que nadie los critique por cuestiones de alimento y de bebida, o de días festivos, de novilunios y de sábados.
2:17 Todas esas cosas no son más que la sombra de una realidad futura, que es el Cuerpo de Cristo.
2:18 Que nadie los prive del premio, bajo pretexto de "humildad" y de un "culto de los ángeles". Esa gente tiene en cuenta solamente las cosas que ha visto y se vanagloria en el orgullo de su mentalidad carnal,
2:19 pero no se mantiene unida a la Cabeza que vivifica a todo el Cuerpo y le da cohesión por medio de las articulaciones y de los ligamentos, a fin de que su crecimiento se realice en Dios.
2:20 Ya que ustedes han muerto con Cristo a los elementos del mundo, ¿por qué se someten a las prohibiciones de
2:21 "no tomar", "no comer" y "no tocar", como si todavía vivieran en el mundo?
2:22 Todo esto se refiere a cosas destinadas a ser destruidas por su mismo uso y no son más que preceptos y doctrinas de hombres.
2:23 Estas doctrinas tienen una cierta apariencia de sabiduría por su "religiosidad", su "humildad" y su "desprecio del cuerpo", pero carecen de valor y sólo satisfacen los deseos de la carne.  

Col 2,4-15: Advertencia contra los errores

Col 2,4-15

2:4 Los pongo sobre aviso para que nadie los engañe con sofismas.
2:5 Aunque ausente con el cuerpo, estoy presente en espíritu, y me alegro al ver el orden que reina entre ustedes y la firmeza de la fe que tienen en Cristo.
2:6 Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han recibido,
2:7 arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que les fue enseñada y dando gracias constantemente.
2:8 No se dejen esclavizar por nadie con la vacuidad de una engañosa filosofía, inspirada en tradiciones puramente humanas y en los elementos del mundo, y no en Cristo.
2:9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad,
2:10 y ustedes participan de esa plenitud de Cristo, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad.
2:11 En él fueron circuncidados, no por mano de hombre, sino por una circuncisión que los despoja del cuerpo carnal, la circuncisión de Cristo.
2:12 En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
2:13 Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas nuestras faltas.
2:14 Él canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz.
2:15 En cuanto a los Principados y a las Potestades, los despojó y los expuso públicamente a la burla, incorporándolos a su cortejo triunfal.

Col 2,1-3: Preocupación de Pablo por sus Iglesias

Col 2,1-3  

2:1 Sí, quiero que sepan qué dura es la lucha que sostengo por ustedes, por los de Laodicea y por tantos otros que no me conocen personalmente.
2:2 Mi deseo es que se sientan animados y que, unidos estrechamente en el amor, adquieran la plenitud de la inteligencia en toda su riqueza. Así conocerán el misterio de Dios, que es Cristo,
2:3 en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Col 1,24-29: El ministerio apostólico de Pablo

Col 1,24-29

1:24 Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.
1:25 En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios,
1:26 el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos.
1:27 A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria.
1:28 Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.
1:29 Por esta razón, me fatigo y lucho con la fuerza de Cristo que obra en mí poderosamente.

Col 1,21-23: La salvación por medio de Cristo

Col 1,21-23  

1:21 Antes, a causa de sus pensamientos y sus malas obras, ustedes eran extraños y enemigos de Dios.
1:22 Pero ahora, él los ha reconciliado en el cuerpo carnal de su Hijo, entregándolo a la muerte, a fin de que ustedes pudieran presentarse delante de él como una ofrenda santa, inmaculada e irreprochable.
1:23 Para esto es necesario que ustedes permanezcan firmes y bien fundados en la fe, sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena Noticia que han oído y que fue predicada a todas las criaturas que están bajo el cielo y de la cual yo mismo, Pablo, fui constituido ministro.

Col 1,15-20: Cristo, Imagen de Dios y Cabeza de la Iglesia

Col 1,15-20

1:15 Él es la Imagen del Dios invisible,
el Primogénito de toda la creación,
1:16 porque en él fueron creadas todas las cosas,
tanto en el cielo como en la tierra,
los seres visibles y los invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
todo fue creado por medio de él y para él.
1:17 Él existe antes que todas las cosas
y todo subsiste en él.
1:18 Él es también la Cabeza del Cuerpo,
es decir, de la Iglesia.
Él es el Principio,
el Primero que resucitó de entre los muertos,
a fin de que él tuviera la primacía en todo,
1:19 porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.
1:20 Por él quiso reconciliar consigo
todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Col 1,1-14: Saludo inicial y acción de gracias

Col 1,1-14  

1:1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo
1:2 saludan a los santos de Colosas, sus fieles hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre.
1:3 Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes,
1:4 desde que nos hemos enterado de la fe que tienen en Cristo Jesús y del amor que demuestran a todos los santos,
1:5 a causa de la esperanza que les está reservada en el cielo. Ustedes oyeron anunciar esta esperanza por medio de la Palabra de la verdad, de la Buena Noticia
1:6 que han recibido y que se extiende y fructifica en el mundo entero. Eso mismo sucede entre ustedes, desde que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en toda su verdad,
1:7 al ser instruidos por Epafras, nuestro querido compañero en el servicio de Dios. Él es para ustedes un fiel ministro de Cristo,
1:8 y por él conocimos el amor que el Espíritu les inspira.
1:9 Por eso, desde que nos enteramos de esto, oramos y pedimos sin cesar por ustedes, para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales.
1:10 Así podrán comportarse de una manera digna del Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas y progresando en el conocimiento de Dios.
1:11 Fortalecidos plenamente con el poder de su gloria, adquirirán una verdadera firmeza y constancia de ánimo,
1:12 y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos.
1:13 Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido,
1:14 en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados.

sábado, 16 de septiembre de 2017

DOMINGO DE LA 24 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

Lecturas de la Misa  
Comentarios:  
por Francisco González, SF   

Mateo 18,21-35: Parábola del servidor despiadado

Mateo 18,21-35
Jueves de la 19 Semana del Tiempo Ordinario, Año III
Martes de la 3 Semana de Cuaresma
Domingo de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?". Jesús le contestó: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". Y les propuso esta parábola: "Se parece el Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía tres mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo extrangulaba diciendo: "Págame lo que me debes". El compañero, arrodillándose a sus pies, le rogaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré". Pero él se negó, y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?". Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano". Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

SOBRE EL MISMO TEMA:
La necesidad del perdón    

Domingo de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Eclesiástico 27,33–28,9
Salmo 102,1-2.3-4.9-10.11-12:
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia
Romanos 14,7-9
Mateo 18,21-35

Eclesiástico 27,33–28,9

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Salmo 102,1-2.3-4.9-10.11-12
R. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
R. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
R. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
R. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia

Romanos 14,7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Mateo 18,21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Sábado de la 23ª semana del Tiempo Ordinario, Año I (Lecturas)

Timoteo 1,15-17
Salmo 112: Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre
Lucas 6,43-49

Timoteo 1,15-17

Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 112,1-2.3-4.5a.6-7 
R. Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre.
R. Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
R. Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre.
R. Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre

Lucas 6,43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó y quedó hecha una gran ruina.»

jueves, 14 de septiembre de 2017

15 de septiembre: Ntra. Sra. de los Dolores

Oración a Nuestra Señora de los Dolores


Señora y Madre nuestra:
tu estabas serena y fuerte
junto a la cruz de Jesús.
Ofrecías tu Hijo al Padre
para la redención del mundo.

Lo perdías porque El tenía que estar en las cosas del Padre,
pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo,
en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, ¡qué hermoso es escuchar desde la cruz
las palabras de Jesús: "Ahí tienes a tu hijo",
"ahí tienes a tu Madre".

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan!
Queremos llevarte siempre a nuestra casa.
Nuestra casa es el lugar donde vivimos.
Pero nuestra casa es sobre todo el corazón,
donde mora la Santísima Trinidad.
Amén.

Los siete Dolores de la Virgen María


Primer Dolor:
La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor... Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Segundo Dolor: 
La huida a Egipto con Jesús y José

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando tuviste que huir precipitadamente tan lejos, pasando grandes penalidades, sobre todo al ser tu Hijo tan pequeño; al poco de nacer, ya era perseguido de muerte el que precisamente había venido a traernos vida eterna; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos huir siempre de las tentaciones del demonio.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Tercer Dolor:
La pérdida de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al perder a tu Hijo; tres días buscándolo angustiada; pensarías qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de tu cuidado y de San José; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que los jóvenes no se pierdan por malos caminos.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Cuarto Dolor: 
El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargado con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte; Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas; ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande; sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantarnos a nosotros del pecado; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Quinto Dolor:
La crucifixión y la agonía de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos del mismo, no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Sexto Dolor:
La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la lanzada que dieron en el corazón de tu Hijo; sentirías como si la hubieran dado en tu propio corazón; el Corazón Divino, símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no solamente a Ti como Madre, sino también a nosotros por quienes dio la vida; y Tú, que habías tenido en tus brazos a tu Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora te lo devolvían muerto, víctima de la maldad de algunos hombres y también víctima de nuestros pecados; te acompañamos en este dolor... Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos amar a Jesús como El nos amo.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Séptimo Dolor:
El entierro de Jesús y la soledad de María

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo; El, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en tierra; llevó su humillación hasta el último momento; y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; te quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos; siendo la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa; tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados; y Tú, Madre nuestra adoptiva le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora te quedaste sola, llena de aflicción; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, concédenos a cada uno de nosotros la gracia particular que te pedimos…

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Historia de la conmemoración de los dolores de María (15 de septiembre)

Dos veces al año, la Iglesia conmemora los dolores de la Santísima Virgen: durante la Semana de la Pasión y el 15 de setiembre.

La devoción a Nuestra señora de los dolores viene desde muy antiguo. Ya en el siglo VIII los escritores eclesiásticos hablaban de la “Compasión de la Virgen” en referencia a la participación de la Madre de Dios en los dolores del Crucificado.

La fiesta empezó a celebrarse en occidente durante la Edad Media y por ese entonces se hablaba de la “Transfixión de María”, de la “Recomendación de María en el Calvario”. Se conmemoraba en el tiempo de Pascua.

En la Edad Media había una devoción popular por los cinco gozos de la Virgen Madre, la cual se complementó con otra fiesta en honor a sus cinco dolores durante la Pasión. Más adelante, las penas de la Virgen María aumentaron a siete, y no sólo se prestó atención a su marcha hacia el Calvario, sino a su vida entera.

A los frailes servitas, que desde su fundación tuvieron particular devoción por los sufrimientos de María, se les autorizó para que celebraran una festividad en memoria de los Siete Dolores, el tercer domingo de septiembre de todos los años.

La primera fiesta oficial de los dolores de María durante la Semana de la Pasión se instituyó en Colonia y en otras partes de Europa en el siglo XV y cuando la festividad se extendió por toda la Iglesia, en 1727, con el nombre de los Siete Dolores, se mantuvo la referencia original de la Misa y del oficio de la Crucifixión del Señor.

El viernes anterior al Domingo de Ramos también se hacía una conmemoración a la Virgen Dolorosa, festividad conocida popularmente como “Viernes de los Dolores”.

Benedicto XIII extendió universalmente la celebración del “Viernes de Dolores” en 1472 y en 1814 el Papa Pío VII fijó la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre, un día después a la Exaltación de la Santa cruz.

14 de septiembre: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Significado e historia de la Cruz


Sobre la palabra "cruz" 

La cruz es el principal símbolo del cristianismo. La palabra ‘cruz’ proviene del verbo latino ‘cruciare’, que significa ‘crucificar’ o ‘torturar’. Y la palabra ‘crucifijo’ proviene del término latino ‘crucifixum’, que es el participio del verbo latino ‘crucifigere’, que significa ‘fijar en la cruz’.

La forma católica de la cruz es una línea vertical atravesada por otra línea horizontal. A esta cruz se la conoce como ‘cruz latina’. Su origen se refiere al método de ejecución que se utilizó con Jesucristo. Algunas interpretaciones místicas sugieren que la porción vertical representa la divinidad de Jesús, mientras que la horizontal representa su humanidad.

Historia

En excavaciones relativas a la Edad de Bronce apareció en Europa una cruz parecida a la latina en diversos objetos, quizás no solo con fines ornamentales, sino también religiosos, dado que en sepulturas de la época se hallaron objetos con el símbolo de una cruz.

No se conservan iconos de la cruz pertenecientes a los dos primeros siglos del cristianismo puesto que representaba un método de tortura especialmente doloroso. Sin embargo la figura de la cruz era el símbolo de muchos de los primeros cristianos, en especial durante las épocas de persecución, con el fin de identificarse unos con otros de forma encubierta. Ellos hacían generalmente la señal de la cruz en el suelo pero no llevaban encima ninguna figura con forma de cruz.

En el monte Palatino, en Roma, se encontró lo que se considera la primera representación pictórica conocida sobre la crucifixión de Jesús. Tiene una inscripción en griego que dice ‘Alexámenos sébete theón’, que traducido al español significa ‘Alexámenos adorando a su dios’. Se cree que la fecha aproximada de la creación de esa obra es del año 85 al 95 d.C. bajo el emperador Domiciano. Se considera que fue hecha en tono irónico por un no-cristiano.

Fue en el siglo IV cuando la cruz se convirtió en el símbolo para representar a Cristo y su misterio de salvación. Los cristianos fueron dejando de lado los símbolos utilizados hasta entonces: la figura del Pastor, el pez, el ancla y la paloma.

El hecho de adoptar la cruz como símbolo cristiano vino principalmente con la visión que tuvo el emperador Constantino hacia el año 312 d.C., la cual precedió a su victoria en el puente Milvio. La figura de la cruz iba acompañada de las palabras ‘In hoc signo vinces’, que significa ‘Con este símbolo vencerás’. Entonces se empezó a denominar a los cristianos ‘los religiosos de la cruz’.

En el año 326 d.C. Elena de Constantinopla, madre de Constantino I el Grande, halló la Cruz de Cristo en Jerusalén. Es por ello que el 14 de septiembre los ortodoxos celebran la consagración de la basílica en el sitio donde fue hallada la Cruz de Cristo. Y la Iglesia Católica celebra este mismo día ‘la exaltación de la Santa Cruz’.

Las primeras representaciones pictóricas o esculturales de la cruz ofrecen un Cristo glorioso, con larga túnica y con corona real. Está en la Cruz, pero es el vencedor, el resucitado. Sólo más tarde, con la espiritualidad de la Edad Media, se le empezó a representar en su estado de sufrimiento y dolor. En la actualidad, la cruz representa la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, ya que gracias a su sufrimiento en la Cruz Jesús venció a la muerte en sí misma y rescató de la condenación a toda la humanidad.

Símbolo elocuente

Generalmente no nos damos cuenta porque ya estamos acostumbrados a ver la Cruz en la Iglesia o en nuestras casas. Pero la Cruz es una verdadera cátedra desde la cual Cristo nos predica siempre la gran lección sobre Dios, sobre el misterio de la salvación en Cristo y sobre la vida cristiana.

La Cruz nos presenta a un Dios trascendente, pero al mismo tiempo cercano. Un Dios que ha querido vencer el mal con su propio dolor. Un Cristo que es Juez y Señor, pero a la vez Siervo, y que ha querido llegar a la total entrega de sí mismo como imagen del amor y de condescendencia de Dios. Un Cristo que en su muerte y resurrección ha dado al mundo la reconciliación entre Dios y la humanidad. Esta es la Cruz que ilumina nuestra vida, que nos da esperanza y que nos muestra el camino.

Fuente:
Agustín Fabra, Religionenlibertad.comn

Sobre las reliquias de la Santa Cruz


La Cruz fue el primero de los instrumentos de la Pasión de Cristo que fue venerado en forma de reliquia. Con el tiempo aún los clavos que fueron usados para clavar a Cristo en la Cruz fueron buscados, hallados y venerados por los cristianos. Uno de esos clavos está montado en la corona de hierro de Lombardía que se conserva en la catedral de Monza, la antigua capital de la Lombardía italiana.

Numerosas reliquias se disputan ser pedazos de la Cruz verdadera. En el siglo XVI Erasmo de Rotterdam decía que se podría construir un barco con toda esa madera, pero según el profesor Baima Ballone, catedrático del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Turín, Italia, si se aceptara que todos los trozos de la Cruz que se conservan fueran auténticos, juntándolos todos no alcanzaría siquiera el 50% del travesaño horizontal.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en España, alberga el mayor trozo de madera de la Cruz de Cristo. En 1958 fue analizado mediante estudios microscópicos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y se determinó que la madera era del árbol ‘cupressus sempervivens’ pertenece a un ciprés abundante en Palestina.

Fuente:
Agustín Fabra, Religionenlibertad.com

VIVIR SEGÚN LA CRUZ


Todo gesto simbólico, todo signo, pueden ayudarnos a entrar en comunión con lo que simboliza y significa, que es los importante. Pero también puede ser un peligro si nos quedamos en la pura exterioridad. Entonces el signo se convierte en gesto ritual y rutinario, el cual no significa nada ni nos conduce a nada. Por tanto, cuando hacemos la señal de la cruz sobre nosotros mismos, si no lo hacemos con la fe debida, puede convertirse en un gesto mecánico que no nos dice nada y que no parece indicar que comporte una auténtica fe en su significado.

Cuando colocamos una cruz en nuestra casa, o cuando hacemos la señal de la cruz al empezar la Eucaristía o al recibir la bendición final, deberíamos dar a nuestro gesto su auténtico sentido. Debería ser un signo de nuestra alegría por sentirnos salvados por Cristo, dejándonos abarcar, consagrar y bendecir por ella, ‘gloriándonos en la Cruz de Nuestro Señor Jesús’ (Gálatas 6:14).

Más aún, la señal de la cruz debe ser un compromiso porque la Cruz es el mejor símbolo del estilo de vida que Cristo nos enseñó y que nos invita a recorrer: ‘Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz y sígame’ (Mateo 16:24).

Debemos reconocer a la Cruz todo su contenido para que no sea un símbolo vacío, y entonces sí será un signo que continuamente nos alimente la fe y el estilo de vida que Jesús nos enseñó.

Fuente:
Agustín Fabra, Religionenlibertad.com

La Señal de la Cruz en la Liturgia Católica

Con frecuencia los cristianos hacemos la señal de la cruz sobre nuestras personas, o nos la hace el sacerdote en el caso del bautismo o de las bendiciones.

Al principio era costumbre hacerla únicamente sobre la frente, pero luego se empezó a hacerlo tal como ahora lo conocemos: hacer la señal de la cruz sobre nosotros mismos, desde la frente al pecho, y desde el hombro izquierdo al derecho. También puede hacerse la triple cruz pequeña, primero en la frente, después en la boca, y por último en el pecho, como es el caso de la proclamación del Evangelio.

Es un gesto sencillo, pero lleno de significado porque, si se hace con la debida devoción, es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia ya que al hacerlo sobre nuestra persona queremos decir que estamos bautizados y, por lo tanto, pertenecemos a Cristo, quien es nuestro Salvador y el origen y razón de nuestra existencia cristiana.

La Señal de la Cruz en la Iglesia Ortodoxa

Para los ortodoxos, al hacer la señal de la cruz deben juntar los tres primeros dedos de la mano derecha, pulgar, índice y medio, doblando los otros dos, anular y meñique, hacia la palma de la mano.

Los tres primeros dedos les demuestran su fe en la Santísima Trinidad, y los dos dedos doblados significan que el Hijo de Dios bajó a la tierra siendo Dios y se hizo hombre, demostrando así sus dos naturalezas, la divina y la humana.

Al iniciar la señal de la cruz ponen los tres dedos juntos en la frente para santificar su mente; en el pecho para santificar los sentimientos interiores; en el hombro derecho y después en el izquierdo, para santificar todas sus fuerzas corporales. Esta antiquísima manera de persignarse, que aún se conserva en el seno de la Iglesia Ortodoxa, expresa de manera sencilla la doctrina trinitaria.

En el cristianismo, al momento de hacer la señal de la cruz, la mano va primero a la frente, después al pecho, luego al hombro izquierdo y, por último, al hombro derecho. En cambio, para el ortodoxo, los tres dedos de la mano van a la frente, después al pecho, luego al hombro derecho y después al hombro izquierdo. Para ellos esta diferenciación de movimientos poniendo en primer lugar la mano en el hombro derecho tiene su razón de ser: el Hijo está sentado a la derecha del Padre.

La Cruz de Cristo: Signo de Contradicción y Síntesis del Evangelio



"Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre" (Mt 24,30): la cruz es el símbolo del cristiano, que nos enseña cuál es nuestra auténtica vocación como seres humanos.

Signo de contradicción

Hoy parecemos asistir a la desaparición progresiva del símbolo de la cruz. Esto no nos debe extrañar pues ya desde el inicio del cristianismo san Pablo hablaba de falsos hermanos que querían abolir la cruz: "Porque son muchos y ahora os lo digo con lágrimas, que son enemigos de la cruz de Cristo" (Flp 3,18).

Jesús, sabiendo el rechazo que iba producir la predicación de la cruz, "comenzó a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho... ser matado y resucitar al tercer día. Pedro le tomó aparte y se puso a reprenderle: '¡Lejos de ti, Señor, de ningún modo te sucederá eso!' Pero Él dijo a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son de Dios, sino de los hombres" (Mt 16, 21-23).

Pedro quiso apartar a Jesús del camino que lleva a la cruz pero el Señor le enseña que el que se opone a la cruz se pone de lado de Satanás. Satanás, el orgulloso y soberbio, odia la cruz porque Jesucristo, humilde y obediente, lo venció en ella "humillándose a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz", y así transformo la cruz en victoria: "...por lo cual Dios le ensalzó y le dio un nombre que está sobre todo nombre" (Flp 2,8-9).

Algunas personas, para confundirnos, nos preguntan: ¿Adorarías tú el cuchillo con que mataron a tu padre? ¡Por supuesto que no!

• Porque mi padre no tiene poder para convertir un símbolo de derrota en símbolo de victoria; pero Cristo sí tiene poder. ¿O tú no crees en el poder de la sangre de Cristo? Si la tierra que pisó Jesús es Tierra Santa, la cruz bañada con la sangre de Cristo, con más razón, es Santa Cruz.

• No fue la cruz la que mató a Jesús sino nuestros pecados. "Él ha sido herido por nuestras rebeldías y molido por nuestros pecados, el castigo que nos devuelve la paz calló sobre Él y por sus llagas hemos sido curados". (Is 53,5). ¿Cómo puede ser la cruz signo maldito, si nos cura y nos devuelve la paz?

• La historia de Jesús no termina en la muerte. Cuando recordamos la cruz de Cristo, nuestra fe y esperanza se centran en el resucitado. Por eso, para San Pablo la cruz era motivo de gloria (Gál 6, 14).

Nos enseña quiénes somos

La cruz, con sus dos maderos, nos enseña quiénes somos: el madero horizontal nos muestra el sentido de nuestro caminar. El madero que soportó los brazos abiertos del Señor nos enseña a amar a nuestros hermanos. Y el madero vertical nos enseña cuál es nuestro destino eterno. No tenemos morada en la tierra, caminamos hacia la vida eterna. Todos tenemos un mismo origen: la Trinidad que nos ha creado por amor. Y un destino común: el cielo, la vida eterna. La cruz nos enseña cuál es nuestra real identidad.

Nos recuerda el Amor Divino

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna". (Jn 3,16). Pero ¿cómo lo entregó? La cruz es el recuerdo de tanto amor del Padre hacia nosotros y del amor mayor de Cristo, quien dio la vida por sus amigos (Jn 15,13). El demonio odia la cruz, porque nos recuerda el amor infinito de Jesús (Gálatas 2,20)

Signo de nuestra reconciliación

La cruz es signo de reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con los humanos y con todo el orden de la creación en medio de un mundo marcado por la ruptura y la falta de comunión.

La señal del cristiano

Cristo, tiene muchos falsos seguidores que lo buscan sólo por sus milagros. Pero Él no se deja engañar, (Jn 6,64); por eso advirtió: "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt 7, 13).

Objeción: La Biblia dice: "Maldito el que cuelga del madero...".
Respuesta: Los malditos que merecíamos la cruz por nuestros pecados éramos nosotros, pero Cristo, el Bendito, al bañar con su sangre la cruz, la convirtió en camino de salvación.

El ver la cruz con fe nos salva

Jesús dijo: "Como Moisés levantó a la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado (en la cruz) el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna" (Jn 3,14-15). Al ver la serpiente, los heridos de veneno mortal quedaban curados. Al ver al crucificado, el centurión pagano se hizo creyente; Juan, el apóstol que lo vio, se convirtió en testigo (Juan 19,35-37)

"Porque la predicación de la cruz es locura para los que se pierden... pero es fuerza de Dios para los que se salvan" (1 Cor 1,18), como el centurión que reconoció el poder de Cristo crucificado. Él ve la cruz y confiesa un trono; ve una corona de espinas y reconoce a un rey; ve a un hombre clavado de pies y manos e invoca a un salvador. Por eso el Señor resucitado no borró de su cuerpo las llagas de la cruz, sino las mostró como señal de su victoria (Juan 20, 24-29)

Síntesis del Evangelio

San Pablo resumía el Evangelio como la predicación de la cruz (1 Cor 1,17-18). Por eso el Santo Padre y los grandes misioneros han predicado el Evangelio con el crucifijo en la mano: "Así mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos (porque para ellos era un símbolo maldito) necedad para los gentiles (porque para ellos era señal de fracaso), mas para los llamados un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1Cor 1,23-24).

Hoy hay muchos católicos que, como los discípulos de Emaús, se van de la Iglesia porque creen que la cruz es derrota. A todos ellos Jesús les sale al encuentro y les dice: ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria? Lee: Lucas 24, 25-26. La cruz es pues el camino a la gloria, el camino a la luz. El que rechaza la cruz no sigue a Jesús (Mateo 16,24)

Nuestra razón, dirá Juan Pablo II, nunca va a poder vaciar el misterio de amor que la cruz representa, pero la cruz sí nos puede dar la respuesta última que todos los seres humanos buscamos: «No es la sabiduría de las palabras, sino la Palabra de la Sabiduría lo que San Pablo pone como criterio de verdad, y a la vez, de salvación» (JP II, Fides et ratio, 23).

Hallazgo de la Santa Cruz

Constantino y Elena

Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar batalla contra Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: "Con este signo vencerás", y que antes de comenzar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones.

La victoria fue total y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo perseguidos por los gobernantes paganos.

Escritores antiguos como Rufino, Zozemeno, San Crisóstomo y San Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Jesús.

Después de muchas y muy profundas excavaciones se encontraron tres cruces. Como no se podía distinguir cuál era la cruz que de Jesús, llevaron a una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes, pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud. Fue así como Santa Elena, y el obispo de Jerusalén, Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.

Por muchos siglos se ha celebrado en Jerusalén y en muchísimos sitios del mundo entero, la fiesta del hallazgo de la Santa Cruz, el día 3 de Mayo.

Ni Cristo sin cruz, ni cruz sin Cristo, por el Papa Francisco


El Papa Francisco predicó sobre la fiesta litúrgica del día, que es la de la Exaltación de la Santa Cruz. El Papa denunció el peligro que se da en dos tentaciones: convertir a Jesús en un mero maestro que da consejos espirituales, ocultando la cruz; y, la contraria, presentar la cruz sin Cristo, como una especie de "masoquismo" espiritual.

Exhortó a entender la cruz como un “misterio de amor”. “Solamente con la contemplación se va adelante en este misterio de amor”, afirmó. “Jesús subió al cielo para llevarnos a todos nosotros a subir al cielo” y “este es el misterio de la cruz”.

También hizo alusión a la "kénosis" o abajamiento de Dios Hijo, que siendo Dios quiso hacerse hombre y sufrir como tal, como explica San Pablo. “Este es el descenso de Jesús, hasta lo más bajo, la humillación; se vació de sí mismo por amor, y por eso Dios lo ensalzó y lo ha hecho subir. Solo si nosotros logramos entender este descenso hasta el final podemos entender la salvación que nos ofrece este misterio de amor”.

El Papa recordó que los gálatas habían caído en “una ilusión de un Cristo sin cruz o de una cruz sin Cristo”.

“Un Cristo sin cruz que no es el Señor: es un maestro, nada más. Es eso que, sin saberlo, quizás buscaba Nicodemo. Es una de las tentaciones. Sí, Jesús que es buen maestro, pero… sin cruz, Jesús. ¿Quién os ha ‘encantado’ con esta imagen?”. Esta es “la rabia” que muestra San Pablo. “Presentando a Jesucristo, pero no crucificado”, añadió.

La otra tentación “es la cruz sin Cristo, la angustia de permanecer abajo, rebajados, con el peso del pecado, sin esperanza. Es una especie de ‘masoquismo’ espiritual. Solo la cruz, pero sin esperanza, sin Cristo”.

Y la cruz sin Cristo sería “un misterio de tragedia”, como las paganas. “Pero la cruz es un misterio de amor, la cruz es fiel, la cruz es noble.

Hoy podemos tomar cualquier minuto y que cada uno se haga una pregunta: el Cristo crucificado, ¿para mí es un misterio de amor?; ¿yo sigo a Jesús sin cruz, a un maestro espiritual que llena de consuelo, de consejos buenos?; ¿sigo la cruz sin Jesús, siempre lamentándome, con este ‘masoquismo’ del espíritu?; ¿me dejo llevar por este abajamiento, vaciamiento total y enalzamiento del Señor?”

SOBRE EL MISMO TEMA:
Fiesta de la Santa Cruz

14 de septiembre: origen de la fiesta de la Santa Cruz


En el siglo IV, la emperatriz Santa Elena encontró el madero en que murió Cristo Redentor. Sin embargo, en el 614 la Cruz fue tomada de Jerusalén por los Persas como trofeo de guerra.

Más adelante, el emperador Heraclio la rescató y el madero retornó a la Ciudad Santa un 14 de septiembre de 628. Desde entonces se celebra litúrgicamente esta festividad.

Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada.

Para evitar nuevos robos, el Santo Madero fue dividido en varios pedazos y repartidos a Roma y Constantinopla, mientras que un tercero se quedó en Jerusalén en un hermoso cofre de plata. Otro se partió en pequeñas astillas para ser repartidas en diversas iglesias del mundo, las cuales fueron llamadas “Veracruz” (verdadera cruz).

En la vida de los santos se narra que San Antonio Abad, al ser atacado por terribles tentaciones del demonio, hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Desde ese tiempo, se dice, que se hizo costumbre el hacer la señal de la cruz para librarse de males.

Otro hecho de lo poderoso y sagrado de este signo lo mostró la Santísima Virgen María, quien al aparecerse por primera vez a Santa Bernardita y al ver que la niña quiso santiguarse, nuestra Señora se persignó muy despacio para enseñarle que es necesario hacerlo calmadamente y con más devoción.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

MIÉRCOLES DE LA 23 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Colosenses 3,1-11
Salmo 144: El Señor es bueno con todos
Lucas 6,20-26

Colosenses 3,1-11

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría. Esto es lo que atrae el castigo de Dios sobre los desobedientes. Entre ellos andabais también vosotros, cuando vivíais de esa manera; ahora, en cambio, deshaceos de todo eso: ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡fuera de vuestra boca! No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestíos del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Salmo 144: El Señor es bueno con todos

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza.
R. El Señor es bueno con todos

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R. El Señor es bueno con todos

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
R. El Señor es bueno con todos

Lucas 6,20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas."

13 de septiembre: San Juan Crisóstomo

martes, 12 de septiembre de 2017

12 de septiembre: Fiesta del Nombre de María

"Y el nombre de la virgen era María", por el P. José María Iraburu


El nuevo Misal Romano, editado por la Conferencia Episcopal Española (2017), según la tercera edición típica latina, entre otras cosas buenas, nos ha traído para el 12 de septiembre una Misa dedicada a El dulce nombre de María con todas las oraciones propias (al final doy los textos).

El anterior Misal tenía sólo la oración colecta. Demos gracias a Dios, porque eso nos ayuda a cumplir la profecía de la Virgen: «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,48).

El Avemaría ya nos venía ayudando a bendecir el nombre de María, haciéndolo con siete alabanzas grandiosas, antes de llegar a pedirle su intercesión ante Dios: «Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte». Y también las Bendiciones en la adoración eucarística: «Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre».

«Y el nombre de la virgen era María»

«Fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David. Y el nombre de la virgen era María» (Lc 1,26-27).

En escritos de exégesis se nos dice que sobre el nombre de María se han propuesto unas 60 etimologías distintas. Era nombre frecuente en la aristocracia femenina de Israel. San Lucas da la transcripción aramea del nombre "maryam", de la raíz "mar" y "mari": que significa "señora, princesa". Parece ser éste el significado más seguro.

El dulce nombre de María está frecuentemente en los labios y el corazón de los fieles, al menos en quienes rezamos el Rosario, que en cada una de su cuatro partes incluye 50 Avemarías.

Es frecuente en el nombre bautismal de las mujeres cristianas –María del Carmen, María de Luján, María de Guadalupe, etc– y también de los varones –José María, Luis María, Juan María… –

Es, era, frecuente en el saludo tradicional de muchas regiones  de la Iglesia: Ave, María purísima… Sin  pecado concebida.

En algunas congregaciones de religiosos -cartujos, trapenses, dominicos, etc.- tienen o tenían por norma o por costumbre añadir al nombre propio, delante de él o detrás, el nombre de María. Por ejemplo, el monje escritor trapense Thomas Merton se llamaba Mary Louis Merton. El padre dominico, fundador de la Comunidad de San Juan, hace poco fallecido, tomó el nombre de Fr. Marie-Dominique Philippe.

Los hijos de María bendecimos su dulce nombre porque es –glorioso, y «glorificado de tal modo que su alabanza está siempre en la boca de todos»; –santo, pues la «llena-de-gracia» (Lc 1,28) ha encontrado «gracia ante Dios» (1,31); –y maternal, porque el Crucificado así lo quiso, cuando dijo a San Juan, su discípulo amado, «he ahí a tu madre» (Jn 19,27)

La devoción de los santos al nombre de María

San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), fundador de los redentoristas, declarado Doctor de la Iglesia (1871), en su libro tantas veces editado Las glorias de María, expresa su profunda devoción mariana comentando frase por frase la Salve Regina. Y en el último capítulo, el décimo –¡Oh dulce Virgen María! El nombre de María es dulcísimo en vida y en muerte–, ofrece una antología de textos de varios santos y maestros espirituales, que han invocado con especial elocuencia la devoción al nombre de María. Es un capítulo largo, del que transcribo ahora algunos fragmentos.

«No fue inventado en la tierra el nombre santísimo de María, sino que descendió del cielo por divina ordenación. Después del santo nombre de Jesús, es el de María tan rico en bienes soberanos, que ni en la tierra ni en el cielo resuena otro con el que experimenten las almas piadosas tantas avenidas de gracia, confianza y dulzura.

«Escribe San Ambrosio [+397], es vuestro nombre [María] bálsamo lleno de celestial fragancia, y así, Virgen piadosísima, os pido que descienda hasta lo íntimo de mi corazón, concediéndome que lo traiga siempre estampado en él con amor y confianza, pues quien os tenga y os nombre así, puede estar seguro de haber alcanzado ya la gracia divina, o, al menos, prenda segura de haberla de poseer pronto.

«La misma bienaventurada Virgen reveló a Santa Brígida [+1373] que no hay en esta vida pecador tan tibio en el amor divino que, invocando su santo nombre, con propósito de enmendarse, no ahuyente luego de él al demonio. Y se lo confirmó diciéndole que todos los demonios de tal modo veneran su nombre y lo temen, que al oírlo resonar sueltan luego del alma las uñas con que la tenían asida.

«Atestigua San Germán [de Constantinopla] [+732] que así como la respiración es señal de vida, así también el pronunciar a menudo el nombre de María es señal, o de vivir ya en la divina gracia o de que presto vendrá la vida; pues este poderoso nombre tiene la virtud de alcanzar el auxilio  y la vida a quien devotamento lo invocare.

«Sigamos, pues, siempre el admirable consejo de San Bernardo [+1153], que dice: En todos los peligros de perder la gracia divina pensemos en María, e invoquemos a María juntamente con el nombre de Jesús, pues estos dos nombres van estrechamente unidos. Jamás se aparten estos dos dulcísimos y poderosísimos nombres de nuestro corazón y de nuestra boca, porque ellos nos dará fuerza para no caer y para vencer todas las tentaciones. Son magníficas las gracias que Jesucristo ha prometido a los devotos del nombre de María.

«San Efrén [+373] llega a decir que el nombre de María es la llave de la puerta del cielo para el que devotamente lo invoca.

Y Tomás de Kempis [+1471]: Si queréis, hermanos, hallar consuelo en todos los trabajos, acudid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Alegraos con María, con María llorad, con María rogad, con María caminad, con María buscad a Jesús. Con Jesús y María, en fin, desead vivir y morir».

Y termina San Alfonso: «Muy dulce es, por tanto, ya en esta vida el santísimo nombre de María para sus devotos, por las innumerables gracias que, como hemos visto, les alcanza. Pero más dulce lo hallarán en la hora suprema por la dulce y santa muerte que les obtendrá.

«Oh dulce Madre mía, os amo, y porque es amo tengo también amor y devoción a vuestro santísimo nombre! Con vuestro favor y benignidad espero invocarlo toda mi vida y particularmente a la hora de la muerte.

«Jesús, José y María / os doy el corazón y el alma mía».

Buena es, pues, y tradicional, aquella jaculatoria de los moribundos, que entregan su alma a la Santísima Trinidad invocando los nombres de los tres intercesores máximos: «Jesús, María y José».

Post post.–Dulce Nombre de María en el Misal nuevo

–Antífona de entrada:

El Señor Dios altísimo te ha bendecido, Virgen María, entre todas las mujeres de la tierra, porque ha sido glorificado tu nombre de tal modo, que está siempre en la boca de todos (cf. Jdt 13,18-19).

–Oración colecta:

Concédenos, Dios todopoderoso, que santa María Virgen nos obtenga los beneficios de tu misericordia a cuantos celebramos su nombre glorioso. Por nuestro Señor Jesucristo.

–Oración sobre las ofrendas:

Señor, que la intercesión de santa María siempre Virgen te recomiende nuestros dones y, al venerar su nombre, nos haga aceptables en tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

–Antífona de comunión:

Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humildad de su esclava (cf. Lc 1,48).

–Oración después de la comunión:

Haz, Señor, por intercesión de santa María, Madre de Dios, que consigamos la gracia de tu bendición, para que, al celebrar su nombre glorioso, experimentemos su ayuda en todas las necesidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.

–Prefacio:

Como no lo trae propio el nuevo Misal, puede tomarse del prefacio que se incluye en la Misa votiva El santo nombre de la bienaventurada Virgen María, nº 21 de la colección de Misas de la Virgen María, aprobada por Juan Pablo II, promulgada por la Congregación del Culto Divino (1986), y publicada por la Conferencia Episcopal Española (1987).

El Señor esté con vosotros…

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

En el nombre de Jesús se nos da la salvación,
y ante él se doble toda rodilla en el cielo,
 en la tierra y en el abismo.
Pero has querido, con amorosa providencia,
que también el nombre de la Virgen María
estuviera con frecuencia en los labios de los fieles;
éstos la contemplan confiados, como estrella luminosa,
la invocan como madre en los peligros
y en las necesidades acuden seguros a ella.

Por eso, Señor, te damos gracias
y proclamamos tu grande cantando con los ángeles:

Santo, Santo, Santo…

12 de Septiembre: Dulce nombre de María, por el P. Celestino Hueso, SF

Lienzo barroco con la Virgen Niña
entre San Antonio Abad y San Francisco de Asís

Hoy celebramos nuevamente a nuestra madre del cielo con el vestido de la dulzura. El nombre no es solamente para distinguirnos de los demás. Cuando el nombre es apropiado nos dice lo que la persona es o lo que espera ser; por eso el Nombre de Dios es Yahvé (yo soy) porque nada existe fuera de Dios; y por eso también, Dios, de vez en cuando, cambia el nombre a las personas para indicar cuál será su misión.

De este modo Saray se convertirá en Sara y Abram en Abraham. Ya en el Nuevo Testamento el ángel da a Zacarías el nombre del hijo que le va a nacer “Se va a llamar Juan” Y Jesús cambia el nombre a Simón “Tú eres Pedro”

Ese es también el motivo por el que una persona al ser elegida Papa o al hacer su consagración definitiva en un convento se cambia el nombre. Francisco se llama así porque su ilusión es imitar a San Francisco de Asís. Y la verdad es que lo está haciendo muy bien.

De ahí que la Iglesia nos recomiende poner a nuestros hijos nombres de santos porque eso es lo que queremos que sean.

María es señora, y ejerce su señorío a través de su fidelidad a Dios y el servicio a los demás.
Felicidades a todas las María, Miriam y Dulce, que son una legión.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Oración para invocar el nombre de María


¡Madre de Dios y Madre mía María!
Yo no soy digno de pronunciar tu nombre;
pero tú que deseas y quieres mi salvación,
me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura,
que pueda llamar en mi socorro
tu santo y poderoso nombre,
que es ayuda en la vida y salvación al morir.

¡Dulce Madre, María!
haz que tu nombre, de hoy en adelante,
sea la respiración de mi vida.

No tardes, Señora, en auxiliarme
cada vez que te llame.
Pues en cada tentación que me combata,
y en cualquier necesidad que experimente,
quiero llamarte sin cesar; ¡María!

Así espero hacerlo en la vida,
y así, sobre todo, en la última hora,
para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado:
“¡Oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!”

¡Qué aliento, dulzura y confianza,
qué ternura siento
con sólo nombrarte y pensar en ti!

Doy gracias a nuestro Señor y Dios,
que nos ha dado para nuestro bien,
este nombre tan dulce, tan amable y poderoso.

Señora, no me contento
con sólo pronunciar tu nombre;
quiero que tu amor me recuerde
que debo llamarte a cada instante;
y que pueda exclamar con san Anselmo:
“¡Oh nombre de la Madre de Dios,
tú eres el amor mío!”

Amada María y amado Jesús mío,
que vivan siempre en mi corazón y en el de todos,
vuestros nombres salvadores.

Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre,
para acordarme sólo y siempre,
de invocar vuestros nombres adorados.

Jesús, Redentor mío, y Madre mía María,
cuando llegue la hora de dejar esta vida,
concédeme entonces la gracia de deciros:
“Os amo, Jesús y María;
Jesús y María,
os doy el corazón y el alma mía”.

Fiesta del Nombre de María: recorrido histórico de la celebración

Lienzo barroco. La cinta dice: 
"Gloríense en ti todos los que veneren tu nombre"

El objeto de la celebración es la Santísima Virgen con el nombre de "Mirjam" (María). La fiesta conmemora los privilegios concedidos a María por Dios y todas las gracias que hemos recibido por su intercesión y mediación.

Fue instituida en 1513 en Cuenca, España, y asignada con propio Oficio al 15 de Septiembre, la octava de la Natividad de María.

Después de la reforma del Breviario por San Pío V, por decreto de Sixto V (16 de enero de 1587), fue transferida al 17 de Sept. En 1622 fue extendida a la Arquidiócesis de Toledo por Gregorio XV.

Después de 1625 la Congregación de los Ritos titubeó antes de autorizar que se extendiera más, pero era celebrada por los Trinitarios españoles en 1640 (Ordo Hispan., l640). En Nov. 15 de 1658, fue concedida la fiesta al Oratorio del cardenal Berulle bajo el título: Solemnitas Gloriosae Virginis.

Con el título original, SS. Nominis B.M.V., fue concedida a toda España y el reino de Nápoles el 26 de Enero de 1671.

Después del asedio de Viena y la victoria de Sobieskl sobre los turcos (12 de Sept., 1683), la fiesta fue extendida a la Iglesia universal por Inocencio XI y asignada al domingo después de la Natividad de María por decreto del 25 de Nov. de l683.

De acuerdo al decreto del 8 de Julio de 1908, cuando la fiesta no pueda ser celebrada en su propio domingo porque lo ocupe una fiesta de mayor jerarquía, deberá dejarse en el 12 de Septiembre, el día en que se celebra la victoria de Sobieski en la Martirología Romana.

El calendario de las monjas de la Adoración Perpetua, O.S.B. del año1827 en Francia, tiene la fiesta con un oficio especial el 25 de Sept.

La fiesta del Santo Nombre de María, es la fiesta patronal de los Clérigos Regulares de las Pías Escuelas (Piaristas) y de la Sociedad de María (Marianistas), en ambos casos con un oficio propio.

En 1666 los Carmelitas Descalzos recibieron la facultad de recitar el Oficio del Nombre de María cuatro veces al año.

En Roma, una de las iglesias gemelas en el Foro Trajano está dedicada al Nombre de María. En el Calendario Ambrosiano de Milán la fiesta del Santo Nombre de María está asignado al 11 de Septiembre.

FUENTE: Enciclopedia Católica, Frederick G. Holweck.